Miami convirtió este jueves la muerte de cuatro tripulantes de una lancha interceptada en aguas cubanas en una denuncia abierta contra el régimen. Frente al Café Versailles, amigos, familiares y activistas del exilio se reunieron para recordar a los hombres muertos en el operativo y exigir claridad sobre lo ocurrido en el mar.
La escena dejó una imagen dura para La Habana: una embarcación pequeña, de pesca y con un solo motor, enfrentada a guardacostas con armamento pesado. Esa desproporción marcó toda la vigilia y alimentó entre los asistentes la convicción de que hubo una respuesta letal del aparato represivo, todavía rodeada de silencios y versiones oficiales que no despejan las dudas.
Alberto Rivero Castillo, activista de 60 años y exabogado en la isla, habló de “masacre” al describir el operativo. Su denuncia recogió el sentir de varios presentes, que conocían a algunos de los tripulantes y los describieron como padres de familia, patriotas y hombres comprometidos con la causa cubana. Entre ellos había personas vinculadas a la llamada lucha armada, una postura que divide al exilio, pero que no borró en la vigilia su condición de cubanos enfrentados al castrismo.
La concentración también expuso una fractura vieja dentro de la diáspora: las diferencias sobre métodos no desaparecen, pero tampoco tapan el cansancio acumulado por décadas de promesas rotas y control político en la isla. Uno de los activistas presentes explicó que la decisión de regresar a Cuba nació de ese hartazgo y del deseo de empujar al pueblo a perder el miedo, como ocurrió el 11 de julio.
Seriocha Fernández Rojas, de la organización Cuba Primero, expresó tristeza e impotencia por la muerte y por las detenciones posteriores. A su juicio, el episodio dejó además la carga de la narrativa oficial, porque el Ministerio del Interior calificó a los tripulantes como supuestos infiltrados con fines terroristas, mientras Estados Unidos, donde residían los diez hombres, investiga el caso.
La vigilia en Miami fue un acto de memoria y también una acusación política. Lo ocurrido en el mar vuelve a mostrar el recurso de fuerza del régimen para enfrentar cualquier intento de desafío y la prisa por imponer su versión desde el poder. En el exilio, la escena dejó un mensaje claro: cada operativo de este tipo abre duelo, indignación y una nueva cuenta pendiente con La Habana.

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