Duannis León Taboada sigue en celda de castigo en el Combinado del Este

Duannis León Taboada, preso político del 11J, sigue en celda de castigo en el Combinado del Este, en La Habana, después de haber sido golpeado por un oficial del penal. La agresión le dejó una herida abierta en la ceja y, según la denuncia recibida desde la prisión, no tuvo la atención médica adecuada ni una sutura.

El caso vuelve a mostrar cómo opera el régimen dentro de sus cárceles cuando el recluso carga con una condena política. La violencia no queda en un golpe: sigue con el aislamiento, el silencio oficial y la ausencia de garantías mínimas para la salud de un preso que ya estaba bajo presión por su condición de opositor encarcelado.

La agresión ocurrió durante una discusión verbal con otro interno, momento en que intervino con violencia el capitán identificado como Juan Ramón. Desde entonces, Duannis quedó expuesto a un castigo cuyo plazo no ha sido aclarado y sobre el que no existe información oficial acerca de su estado de salud.

En la mañana de este sábado fue sacado de la celda para recoger sus pertenencias y trasladado a un lugar no identificado dentro del sistema penitenciario. Fuentes vinculadas al caso alertan además que las autoridades intentan abrirle una nueva causa penal y buscar declaraciones de otros reclusos en su contra, pese a que él fue el golpeado.

Ese movimiento encaja con la forma en que el aparato represivo cubano administra los casos incómodos: primero castiga, después aísla y luego trata de montar otra presión judicial para sostener el control. En una cárcel manejada por el Estado, la fuerza física y la amenaza de un nuevo expediente terminan funcionando como castigo acumulado.

Duannis mantiene desde hace varias semanas una protesta silenciosa para reafirmar el carácter político de su encarcelamiento y exigir su liberación. Se ha negado a recibir beneficios reglamentarios y a participar en rutinas penitenciarias como visitas familiares, llamadas telefónicas, conteos y el uso del uniforme. Esa forma de resistencia ha provocado más hostigamiento dentro de la prisión, según su entorno.

El caso también arrastra a su familia al centro de la presión oficial. Su madre, Yenisey Taboada Ortiz, ha denunciado públicamente la situación, y desde el Observatorio Cubano de Derechos Culturales han advertido sobre la responsabilidad del Estado cubano ante cualquier represalia adicional. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ya otorgó medidas cautelares a favor de ambos por el riesgo de daños irreparables.

La CIDH recogió denuncias de hostigamiento, presiones y condiciones de detención que comprometen la integridad física y psicológica de Duannis, además de amenazas e intimidación contra su madre por defenderlo. El organismo pidió al Estado cubano proteger sus derechos, garantizar condiciones de detención compatibles con estándares internacionales y permitir el contacto con la familia y los representantes legales.

La historia de Duannis resume el trato que reciben muchos presos del 11J cuando el régimen decide aplastar su voz dentro de prisión: golpe, aislamiento, represalia y presión sobre la familia. En Cuba, la cárcel sigue siendo una extensión del poder político.

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