Estados Unidos elevó este jueves la ofensiva aérea contra Irán y prometió el mayor paquete de ataques hasta ahora, en una escalada que deja claro que la guerra sigue abierta y que Washington apuesta por profundizar el golpe militar. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, aseguró que la operación avanza “bajo nuestros propios términos” y que los objetivos han sido alcanzados por miles.
Hegseth dijo que la jornada traería los ataques más extensos de la campaña y evitó fijar una fecha de cierre. A la vez, afirmó que más de 7 mil objetivos en todo Irán y su infraestructura militar ya habían sido atacados. Con esa cifra, la ofensiva queda descrita como una guerra sostenida desde el aire, no como una acción puntual ni limitada.
El funcionario defendió la escalada con una dureza que retrata el rumbo político de la Casa Blanca. Al hablar del pedido de 200 mil millones de dólares al Congreso para seguir la campaña, soltó una frase brutal: “Se necesita dinero para matar a los malos”. Ese lenguaje convierte la guerra en consigna de poder y la presenta como castigo, sin espacio para disimular el costo humano que arrastra cada bombardeo.
Hegseth también intentó blindar la operación con el argumento familiar y nacionalista. Mencionó a su hijo y a los estadounidenses muertos en combate para justificar la continuidad de la ofensiva, alegando que esos sacrificios buscan impedir que la próxima generación enfrente una amenaza nuclear iraní. La escena revela el intento de vestir la guerra como deber patriótico mientras el conflicto se alarga y consume más recursos, vidas y legitimidad.
En el Congreso, la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, reforzó la misma línea al afirmar que la Operación Furia Épica ha debilitado de forma sustancial a Irán y a sus aliados. Según su evaluación, las capacidades militares convencionales iraníes han sido destruidas en gran medida y su posición estratégica ha quedado seriamente degradada. El mensaje oficial de Washington apunta a una victoria en construcción, sostenida por una campaña cada vez más agresiva.
Desde Cuba, la noticia también importa por contraste. El régimen cubano suele usar la retórica antiimperialista para agitar a su base, esconder su desastre interno y reciclar propaganda mientras el país se hunde en escasez, control político y abandono. Cuando el aparato de poder en La Habana habla de soberanía y agresión externa, lo hace desde un sistema que vive de la censura, del enemigo útil y de la manipulación ideológica. La guerra en Irán no arregla ese libreto, pero lo vuelve a poner en evidencia.

Sé el primero en comentar