La Embajada de Estados Unidos en La Habana denunció que, en las últimas semanas, el régimen cubano ha impedido la entrada de ciudadanos estadounidenses al llegar a la Isla y, en otros casos, les ha ordenado salir de inmediato bajo amenaza de detención. El aviso vuelve a dejar al descubierto el control arbitrario con que las autoridades migratorias deciden quién cruza la puerta de un país sometido al capricho político del aparato oficial.
En un mensaje difundido en su cuenta oficial en X, la sede diplomática recordó que la Dirección de Inmigración del régimen es la que determina quién entra a Cuba. La propia embajada aclaró que no puede resolver asuntos vinculados con la entrada o la expulsión forzosa, pero pidió a los afectados comunicarse con su sección de Servicios a Ciudadanos Estadounidenses en La Habana si necesitan asistencia o han sido detenidos.
El comunicado también insiste en que los viajeros revisen antes de partir la información oficial del Departamento de Estado sobre Cuba, incluidas las alertas de viaje, los requisitos de pasaporte y visado, y recordó que los ciudadanos estadounidenses necesitan visa para entrar legalmente en la Isla. En paralelo, el Departamento de Estado mantiene para Cuba una advertencia de nivel 2, de “extremar la precaución”, por criminalidad, problemas de suministro eléctrico y las restricciones que impone la legislación estadounidense sobre los viajes.
La embajada sumó advertencias concretas sobre lo que no debe entrar al país: cigarrillos electrónicos, vaporizadores, drones, teléfonos satelitales, GPS y otros dispositivos similares. También alertó sobre las consecuencias de violar normas migratorias y aduaneras, entre ellas confiscaciones, sanciones severas y detenciones. Además, recordó los límites de efectivo permitidos y recomendó declarar cualquier monto superior ante la Aduana de la República de Cuba.
El mensaje consular dejó, además, vías de contacto para casos de emergencia y recomendó la inscripción en el programa STEP para recibir actualizaciones de seguridad. La advertencia confirma que viajar a Cuba sigue marcado por reglas opacas, vigilancia y un poder migratorio que el régimen usa como instrumento de control, incluso frente a ciudadanos extranjeros.

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