El Comando Sur de Estados Unidos difundió este sábado un video en el que muestra la incautación de un petrolero en el Caribe. La publicación, hecha en su cuenta de X, asegura que las fuerzas militares estadounidenses interceptan buques petroleros ilegales para proteger el territorio nacional.
El operativo ya había sido presentado días antes, cuando Washington anunció la detención “sin incidentes” del buque motor Sagitta, al que acusó de operar en contra de la cuarentena impuesta unilateralmente por Donald Trump. Ahora el Comando Sur vuelve sobre la misma acción y la enmarca como parte de una ofensiva más amplia contra la llamada “flota oscura”, a la que atribuye apoyo a actores maliciosos y actividades que, según su versión, amenazan a Estados Unidos y a sus vecinos.
La operación forma parte de “Southern Spear” o “Lanza del Sur”, anunciada en noviembre de 2025 por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, con la promesa de eliminar a los narcoterroristas del continente. Bajo ese mismo paraguas, Washington ha ido apretando el cerco sobre embarcaciones vinculadas al crudo venezolano, en una demostración de fuerza que mezcla discurso de seguridad con control político y presión energética en la región.
En paralelo, Donald Trump afirmó que Estados Unidos se ha apoderado del petróleo venezolano a bordo de siete buques incautados recientemente, aunque se negó a revelar dónde están. “Pero digámoslo así: ellos no tienen petróleo. Nosotros nos quedamos con el petróleo”, dijo al New York Post. También aseguró que ese crudo ya está en refinerías estadounidenses y procesándose, mientras sostuvo que Washington “controla el petróleo en Venezuela”.
El mensaje de la Casa Blanca deja claro el alcance de la maniobra: Caracas “obtendrá algo” y Estados Unidos también, mientras las grandes petroleras entrarían después para llevarse más crudo. La lógica es la de siempre en la política imperial de Washington: imponer la fuerza, apropiarse del recurso y revestir la operación con el lenguaje de la seguridad continental.
En ese mismo contexto, Estados Unidos lanzó el 3 de enero una agresión militar masiva en territorio venezolano, que alcanzó Caracas y los estados Miranda, Aragua y La Guaira. La operación terminó con el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, trasladados a Nueva York. Caracas denunció una “gravísima agresión militar” y advirtió que el objetivo real es apoderarse de sus recursos estratégicos, sobre todo el petróleo y los minerales, a costa de la independencia política del país.
Según el Ministerio de Interior, Justicia y Paz de Venezuela, al menos 100 personas murieron en el ataque, entre ellas 32 cubanos que custodiaban a Maduro. El cuadro que deja esta ofensiva es el de una región sometida a la presión militar de Washington, mientras el discurso de “lucha contra el narcoterrorismo” sirve de cobertura para una operación de saqueo y dominación.

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