La cúpula del poder en Cuba ya se prepara para sobrevivir a un posible cambio político. Esa es la lectura que dejó el analista Carlos Malamud, quien advirtió que el régimen podría no aguantar más allá de los próximos años y que parte de sus élites se mueve para conservar influencia, privilegios y negocios si el sistema entra en una fase de transición.
El dato golpea en el centro del castrismo: mientras el país se hunde en apagones prolongados, escasez de combustible, falta de alimentos y medicamentos, y el deterioro de la sanidad y la recogida de basura, los círculos ligados al poder siguen protegidos por un nivel de vida que la mayoría de los cubanos no conoce. La distancia entre la calle y la cúpula ya no cabe en la propaganda oficial.
Malamud también puso el foco en el frente económico. Según su análisis, varias de esas élites han encontrado una vía de adaptación mediante el control indirecto de micro, pequeñas y medianas empresas, un sector que ha crecido en la isla y que, en muchos casos, funciona gracias a vínculos familiares o políticos con el establishment.
Ese movimiento deja al desnudo otra contradicción del modelo cubano. Durante décadas el régimen atacó la iniciativa privada como fuente de desigualdad, y hoy tolera o protege emprendimientos conectados con su propia estructura de poder. La economía que decía combatir terminó convertida en un terreno de favores, acceso privilegiado y acomodo para quienes están cerca del centro de mando.
El analista añadió otro elemento que explica la ansiedad de la cúpula: la posibilidad de que cualquier transformación política salga desde dentro del propio sistema. En su texto, recogió informaciones publicadas por medios estadounidenses sobre contactos exploratorios entre actores cercanos al poder cubano y la administración de Donald Trump para evaluar escenarios de cambio en la isla. El propio Trump y varios funcionarios de su gobierno han hablado de esos contactos.
Detrás de esa vía asoma un cálculo muy claro. Una salida abrupta podría disparar más inestabilidad interna y una nueva ola migratoria hacia Estados Unidos, sobre todo hacia Florida. Por eso gana espacio la idea de una transición administrada por figuras con experiencia dentro del aparato, capaces de mover piezas sin soltar el control de golpe.
La gran incógnita está en quiénes podrían ocupar ese lugar. El mismo entorno que sostuvo la represión, el control económico y la asfixia social durante más de seis décadas intenta reacomodarse para no perder poder si llega el derrumbe. Incluso se menciona la posibilidad de que sectores vinculados a la familia Castro influyan en esa reorganización de la autoridad que retuvieron de forma violenta e ilegítima.
El cuadro que describe Malamud es el de un régimen en fin de ciclo que piensa primero en su propia supervivencia. Mientras los cubanos sobreviven entre penurias y sin horizonte, la cúpula se protege, se reacomoda y busca asegurar que, pase lo que pase, ella siga dentro del negocio.

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