La escasez de combustible agrava el colapso en Cuba

La caída del suministro de petróleo ya golpea con fuerza el transporte, las escuelas y el turismo en Cuba, tres frentes que sostienen la vida diaria y la entrada de divisas mientras el régimen pretende maquillar la crisis con llamados a resistir.

En La Habana, el periodista Juan Manuel Moreno describió un transporte público que “prácticamente no existe”. La población depende de taxis privados y triciclos eléctricos para moverse en una capital donde el Estado dejó de garantizar lo elemental. Desde Marianao, Lucila Soto resumió la escena con una frase seca: “ni una guagua hay en la calle”.

La crisis también frenó rutas interprovinciales hacia la capital. Una empleada de Ómnibus Nacionales confirmó cancelaciones por falta de diésel, una señal del desorden que provoca la escasez de combustible y de cómo el colapso se extiende desde los terminales hasta la vida cotidiana de miles de cubanos.

Fuera de La Habana, el deterioro es todavía más visible. En Camagüey, la activista Leidys Tabares señaló que el transporte urbano ha vuelto a la tracción animal y que los camiones privados dispararon sus tarifas, con la gasolina a “1.000 pesos el litro”. La escena retrata un país empujado a la improvisación mientras el aparato estatal se hunde en su propia incapacidad.

La falta de combustible también ha entrado en las escuelas. Tabares reportó el cierre de una secundaria y dijo que maestros recomendaron no enviar a los niños por el frío y la falta de transporte. Iris Mariño informó además del cierre de la Academia de Arte Vicentina de la Torre, mientras circulan reportes sobre interrupciones en universidades y centros de salud.

El turismo, uno de los pocos sectores que aún le aporta oxígeno al régimen, también recibió un golpe. Los hoteles Meliá Cayo Santa María, Valentín Perla Blanca y Meliá Buena Vista cesaron operaciones esta semana, según fuentes locales, en medio del aumento de los apagones. La fragilidad del sistema eléctrico y la dependencia total del combustible arrastran hasta la industria turística, que el Gobierno presenta como tabla de salvación y que cada vez luce más expuesta al derrumbe general.

En la Isla de la Juventud, las autoridades impusieron un esquema de apagones de cuatro horas por cuatro horas, condicionado a la disponibilidad de combustible. El plan incluye apagar edificios administrativos los fines de semana, ajustar horarios de bodegas y evaluar una reducción del ferri Perseverancia a una o dos salidas semanales. También se ordenó el cierre de áreas recreativas y bares. La medida confirma que el régimen administra la escasez con recortes, no con soluciones.

Los testimonios desde el interior del país son devastadores. En algunas localidades el servicio eléctrico apenas llega dos horas al día, mientras en La Habana los apagones superan las 15 horas. En barrios como La Güinera, los vecinos han vuelto a cocinar con métodos rudimentarios. “Así nos tiene cocinando el gobierno cubano, es a base de leña y ni leña hay”, dijo una residente identificada como Elizabeth.

Miguel Díaz-Canel reconoció esta semana que el país se encamina a un escenario de desabastecimiento agudo de combustible. Habló de “vendrán tiempos difíciles” y llamó al pueblo a “resistir de manera creativa”, una consigna vacía que vuelve a cargar sobre la gente el costo de la ruina estatal. También adelantó que el país podría reactivar la llamada “opción cero” del período especial, el mismo expediente de miseria que el castrismo trae de vuelta cada vez que su modelo fracasa.

En paralelo, el economista Mauricio de Miranda escribió que en Cuba “el sistema ni se puede perfeccionar, ni actualizar. El sistema es el problema… Es necesario desmontarlo”. La frase condensa el fondo de la crisis: la escasez de petróleo responde a un sistema agotado que castiga a la población y destruye cualquier posibilidad de normalidad.

La presión externa también se mueve. Donald Trump firmó la semana pasada una Orden Ejecutiva que declara una emergencia nacional y abre la puerta a aranceles sobre productos de países que vendan o suministren petróleo a Cuba. Mientras el régimen insiste en sobrevivir a base de propaganda y sacrificio ajeno, el país entra en una etapa más dura, con menos transporte, menos escuela, menos trabajo y más oscuridad.

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