Ferrer inicia en Miami un ayuno por los presos políticos

José Daniel Ferrer empezó este jueves una huelga de hambre de 72 horas en Miami para reclamar por los presos políticos cubanos, con foco en Roilán Álvarez Rensoler, que ya suma 20 días sin comer en un centro de detención de Holguín. El gesto del líder de la UNPACU, ahora en el exilio, vuelve a colocar en primer plano el costo humano de la represión del régimen y la fragilidad de quienes siguen encerrados en Cuba por desafiarlo.

Ferrer hizo el ayuno bajo una carpa instalada en el estacionamiento del Museo Americano de la Diáspora Cubana. Desde ese punto, convertido por unas horas en tribuna de denuncia, dijo que su protesta busca respaldar a Roilán Álvarez Rensoler y también a Félix Navarro, Saily Navarro y otros presos políticos que sobreviven, según sus palabras, en condiciones terribles en las cárceles del régimen, incluida la prisión de Canaleta, en Ciego de Ávila.

La dimensión más dura del caso está en Holguín. Álvarez Rensoler, coordinador de la UNPACU en el municipio de Mella, fue detenido junto con Dariel Calderín Rensoler, Jorge Luis Hernández Haber y Jordán Méndez Martínez entre el 29 y el 30 de enero, después de que aparecieran carteles contra la dictadura en varias localidades. La policía política los vincula además con grafitis en Birán, Marcané, Cueto y Alto Cedro, y con la mancha de una valla con el rostro de Fidel Castro en su pueblo natal.

Su hermana, Arianna Álvarez Rensoler, logró verlo en la Unidad de Operaciones Policiales de Holguín, conocida como Pedernales, tras varios pedidos. Describió a su hermano en una condición pésima y aseguró que lo encuentra ahora mucho más deteriorado que en otras huelgas de hambre anteriores, una de 45 días y otra de 30. Su testimonio deja claro que el encierro, el aislamiento y la presión del aparato represivo castigan el cuerpo hasta llevarlo al límite.

La protesta de Ferrer tiene además una carga personal y política evidente. Es la primera huelga de hambre que realiza desde que llegó al exilio forzado en Estados Unidos en octubre de 2025, después de años de abusos y torturas en una prisión política cubana. Él mismo ha dicho que salió porque era la única salida para proteger a su familia. Desde Miami, su ayuno es también una acusación contra un sistema que empuja a sus opositores a escoger entre la cárcel, el desgaste físico o el destierro.

Que un dirigente opositor tenga que protestar desde el exilio para exigir que no se deje morir a un preso político dice bastante más que cualquier discurso oficial sobre normalidad. El régimen mantiene a hombres y mujeres en condiciones extremas, responde con la maquinaria policial a expresiones de protesta y deja a las familias cargando solas con el costo humano. En esa cuenta, cada huelga de hambre vuelve a mostrar el mismo patrón: represión adentro, denuncia afuera y una isla gobernada por el castigo.

Después de su llegada a Estados Unidos, Ferrer recibió una llamada del secretario de Estado Marco Rubio, quien le expresó admiración por su valentía y resiliencia ante la opresión del régimen cubano, las amenazas contra su vida y el trato despiadado hacia él y su familia. El dato confirma que la denuncia sobre los presos políticos cubanos sigue cruzando fronteras, mientras dentro de la isla el sistema carcelario continúa siendo uno de los rostros más duros del poder castrista.

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