La Agencia Internacional de la Energía aprobó la liberación de 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas para contener el golpe de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, y la medida vuelve a exhibir la fragilidad de Cuba, que ya vive con el sistema eléctrico al límite y con combustible para apenas 15 a 20 días.
La decisión se tomó en una reunión de emergencia y sin objeciones de los 32 países miembros de la AIE, en la mayor movilización de reservas en los 52 años del organismo. El volumen supera por mucho los 182,7 millones de barriles liberados en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania, otro episodio que sacudió el mercado mundial del petróleo y dejó claro hasta qué punto una crisis externa puede desordenar economías enteras.
La presión sobre el crudo se disparó con la escalada militar. Bombardeos contra refinerías iraníes, ataques con misiles contra Israel y bases estadounidenses, amenazas de cierre del Estrecho de Ormuz e incendios de buques cisterna llevaron el Brent a rozar los 120 dólares por barril. En ese tablero, los países con reservas sólidas ganan margen; Cuba, atrapada en la escasez, recibe el golpe completo.
La isla entra en esa crisis sin defensa real. Antes de este nuevo empuje alcista, ya contaba con petróleo para apenas 15 a 20 días. Eso significa más presión sobre los apagones, el transporte y la vida diaria de una población que lleva años pagando la factura de un modelo agotado. El régimen sigue administrando el desastre con parches, mientras la economía real se queda sin combustible y sin salida.
La dependencia externa empeora el cuadro. La detención de un buque ruso con destino a Cuba y el inicio del decomiso de un petrolero venezolano por parte de Estados Unidos añaden otra capa de incertidumbre sobre un suministro que ya venía golpeado. Cada interrupción deja al descubierto la precariedad de una estructura energética que La Habana nunca logró sostener por sí sola.
Mientras Alemania, España y Japón empiezan a sacar crudo de sus reservas, Cuba vuelve a quedar expuesta a una tormenta que no provocó, pero que su sistema político vuelve más cruel. La diferencia entre unos países y otros está en la capacidad de respuesta; en la isla, el castrismo convirtió la energía en otro frente de vulnerabilidad nacional.

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