Cuba entra en otro apagón masivo con 62% del país afectado

Cuba amaneció otra vez bajo la sombra del colapso eléctrico. La Unión Eléctrica prevé para este martes una afectación simultánea de casi el 62 % del país en el horario de mayor demanda, una cifra que confirma hasta qué punto el sistema ha sido llevado al borde por años de abandono, averías y falta de combustible.

La estatal eléctrica calcula una capacidad de generación de 1.200 megavatios frente a una demanda máxima de 3.050. La diferencia deja un déficit de 1.850 megavatios y obliga a desconectar 1.880 para evitar un apagón todavía más caótico. En la práctica, el régimen mantiene al país en una ruleta diaria donde la corriente depende más de la precariedad que de una planificación seria.

La situación llega después de otro registro extremo: el 31 de enero, el apagón simultáneo alcanzó el 63 % de la isla, el mayor desde que en 2022 comenzaron a publicarse estadísticas energéticas de manera regular. El dato refleja una crisis que ya no admite maquillaje oficial ni discursos de emergencia repetidos hasta el cansancio.

Dentro del parque termoeléctrico, nueve de las 16 unidades operativas están fuera de servicio por averías o mantenimientos, entre ellas dos de las tres mayores. Esa dependencia de instalaciones envejecidas, sostenidas a duras penas, explica buena parte del derrumbe cotidiano que padecen los cubanos. A eso se suma la parálisis de la generación distribuida por falta de diésel, fueloil y lubricante, un dato que la UNE dejó de detallar desde mediados de enero y que solo confirma el nivel de opacidad con que el régimen administra el desastre.

La crisis energética responde a una infrafinanciación crónica de un sector que quedó completamente en manos del Estado desde 1959. Expertos independientes calculan que harían falta entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para sanear el sistema eléctrico, una suma imposible de explicar dentro de la ruina económica que dejó el modelo castrista.

El régimen insiste en culpar a las sanciones estadounidenses y habla de “asfixia energética”, pero los apagones prolongados también retratan el fracaso estructural de un aparato que ha destruido la capacidad productiva del país. Con una economía contraída más de 15 % desde 2020, según cifras oficiales, la falta de electricidad golpea fábricas, hogares, servicios y cualquier intento de recuperación.

En Cuba, la luz se ha convertido en una lotería. Los apagones diarios estrangulan la vida doméstica, hunden la economía y alimentan el malestar social. Cada nuevo récord confirma que el régimen no gobierna una crisis: la administra y la agrava.

Acerca de Redacción 4173 Artículo
Publicamos noticias, crónicas y reportajes de actualidad cubana. Nos define la integridad periodística, la veracidad y la calidad de nuestra información.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta