La Habana baja el tono y ofrece cooperación a Washington en seguridad

El régimen cubano movió ficha este domingo con un comunicado en el que moderó el lenguaje frente a Estados Unidos y dejó abierta la puerta a una cooperación en seguridad, lavado de dinero y lucha contra el terrorismo. El giro llega en medio de una presión creciente desde Washington y revela la necesidad de La Habana de presentarse como un socio útil, después de años de retórica de confrontación que solo ha servido para profundizar el aislamiento de la isla.

En su declaración, el Ministerio de Relaciones Exteriores insistió en que Cuba “condena de manera inequívoca el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones” y afirmó que está dispuesta a cooperar con Estados Unidos y otros países frente a amenazas comunes. El texto repite una línea conocida: negar cualquier vínculo con organizaciones terroristas, asegurar que la isla no alberga ni financia grupos extremistas y proclamar una política de “tolerancia cero” frente al financiamiento del terrorismo y el lavado de dinero.

La propia nota oficial intenta blindar al régimen frente a viejas sospechas al sostener que cualquier relación pasada con personas después designadas como terroristas ocurrió en “contextos humanitarios limitados”, ligados a procesos de paz reconocidos internacionalmente. También rechaza que Cuba represente una amenaza para la seguridad estadounidense y asegura que no permitirá que su territorio sea usado contra otra nación.

El comunicado va más lejos y ofrece reactivar y ampliar la cooperación bilateral en áreas sensibles como el narcotráfico, la ciberseguridad, la trata de personas y los delitos financieros. Esa disposición contrasta con el tono habitual de La Habana, pero también deja ver la fragilidad de un régimen acorralado por la crisis, las sanciones y la pérdida de margen político.

La declaración aparece en un momento de tensiones crecientes entre La Habana y Washington. La Administración Trump ha endurecido la presión contra el castrismo y desde el 30 de enero Estados Unidos declaró un estado de emergencia nacional por las amenazas que atribuye al régimen cubano, junto con un nuevo régimen de sanciones arancelarias. La ofensiva de Washington empuja a la dictadura a rebajar el tono y a vender cooperación donde antes imponía desafío.

El Minrex también negó la presencia de bases militares o de inteligencia extranjeras en la Isla y cerró su mensaje con una fórmula de apertura a un “diálogo respetuoso y recíproco”, supuestamente orientado a resultados tangibles. En la práctica, el texto confirma lo que ya es evidente: la dictadura necesita negociar cuando la presión aprieta, aunque siga empeñada en sostener su doble discurso ante el mundo.

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