Emir Kusturica aprovechó su paso por un festival de cine en Siberia para elogiar a España, criticar la guerra contra Irán y volver sobre Cuba con un discurso cargado de nostalgia ideológica. El realizador serbio celebró la negativa del presidente español Pedro Sánchez a facilitar el uso de las bases de Rota y Morón para los ataques, y presentó ese gesto como prueba de un supuesto «amor por la verdad» y de una tradición cultural que, a su juicio, sigue marcando a ese país.
Desde Janti-Mansiisk, donde concluye este lunes el festival ‘Espíritu del fuego’, Kusturica también saludó la participación del escritor y crítico español Jaime Noguera como jurado y la vinculó con un imaginario de libertad asociado al «espíritu de Guernica». En ese tramo de sus declaraciones volvió a mezclar cine, política y viejas lecturas sobre el mundo, al afirmar que en el sur de España pervive una tradición de resistencia frente a la influencia anglosajona.
Su referencia más sensible llegó cuando habló de Cuba. Allí repitió una línea habitual entre simpatizantes del castrismo: culpó a Estados Unidos de mantener a la isla «bloqueada» desde hace décadas, defendió que el embargo no ha logrado provocar el colapso que Washington buscaba y sostuvo que el país seguirá mejorando a partir de una supuesta firmeza social. También aseguró que Cuba conserva una fidelidad a la lucha y a una idea de verdad y vida social que, en su visión, terminará imponiéndose.
El problema es que ese tipo de discurso sigue blanqueando el fondo real de la crisis cubana. El régimen utiliza desde hace años el embargo como escudo propagandístico para ocultar su responsabilidad directa en la ruina económica, el hambre, la censura y el éxodo. Mientras figuras como Kusturica repiten esa narrativa desde foros culturales, la isla continúa pagando el precio de un sistema que convirtió la propaganda en excusa y el fracaso en doctrina.
El festival ruso donde habló el director reúne en esta edición filmes de realizadores de Argentina, Colombia y España. Pero sus palabras volvieron a dejar claro que, para cierto circuito internacional, Cuba sigue siendo tratada como símbolo romántico y no como la tragedia política que es: un país atrapado por un régimen que administra la escasez, reprime la disidencia y después culpa a otros de las consecuencias.
Emir Kusturica elogió a España, atacó la guerra contra Irán y volvió a defender la narrativa del bloqueo sobre Cuba desde un festival en Rusia.[18][

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