Moscú volvió a ofrecerle cobertura política a La Habana. En una conversación telefónica con Bruno Rodríguez, el canciller ruso Serguéi Lavrov rechazó las presiones de Estados Unidos contra Cuba y reiteró su apoyo al régimen en nombre de la “soberanía nacional” y del supuesto derecho de la isla a elegir su rumbo.
La llamada deja otra foto conocida: mientras el castrismo insiste en vender resistencia y dignidad, depende cada vez más del respaldo de aliados que le sirven de escudo diplomático. Rusia volvió a colocarse al lado de La Habana justo cuando el régimen necesita oxígeno externo para sostenerse frente a la presión económica y política de Washington.
Según la nota oficial, ambos ministros también trataron asuntos de cooperación bilateral, la agenda internacional y el calendario de próximos contactos entre los dos países, incluida la próxima reunión de la Comisión Intergubernamental Ruso-Cubana de Cooperación Comercial, Económica, Científica y Técnica. Ese lenguaje de rutina encubre una realidad mucho más dura para los cubanos: la cúpula del poder sigue atada a alianzas externas para maquillar su aislamiento y su fracaso interno.
El episodio confirma el papel que Moscú ha asumido como respaldo de una dictadura que pide soberanía, pero mantiene a la población atrapada en escasez, control político y dependencia. Cada gesto de apoyo sirve para reforzar la propaganda oficial de La Habana, mientras el costo real lo paga el cubano común, que sigue sin ver mejoras en su vida cotidiana.
Rodríguez ya había viajado a Moscú el mes pasado, en una visita no anunciada, para defender la línea del régimen y pedir a Estados Unidos que renunciara a sus planes de un bloqueo naval a la isla. En esa ocasión, el canciller cubano aseguró que La Habana mantendría su rumbo “inalterable”, una frase que resume la cerrazón de un poder que no admite rectificación y busca culpar siempre a factores externos de su propia ruina.
La lectura política es clara: el castrismo necesita aliados que lo sostengan afuera mientras endurece el control adentro. Rusia le ofrece esa plataforma, y el régimen la usa para presentarse como víctima permanente, aun cuando el país arrastra un desastre económico y social que no se resuelve con comunicados ni con lealtades ajenas.

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