El huracán Melissa tocó tierra en el oriente de Cuba durante la madrugada de este miércoles con vientos sostenidos de 205 kilómetros por hora, al entrar por la zona de Santiago de Cuba, en la playa El Francés. El fenómeno, de categoría 3, dejó al sureste de la isla bajo un golpe directo de lluvias torrenciales, marejada ciclónica e inundaciones repentinas.
La amenaza más seria para la población y para las viviendas sigue siendo la marejada ciclónica, que puede elevarse entre 2,5 y 3,5 metros sobre el nivel normal. Ese empuje del mar, unido a las grandes olas, agrava la posibilidad de daños mayores en una región ya castigada por las lluvias y la crecida de los ríos.
En Santiago de Cuba y en la vecina Granma ya se reportan precipitaciones intensas. Las cuencas hídricas han subido de nivel y en varios puntos el agua corre con fuerza desde las montañas hacia las zonas bajas. Desde el Pico Turquino, el punto más alto de la isla, se describe un descenso de agua que arrasa a su paso.
En municipios de Granma como Pilón, Media Luna, Bartolomé Masó y Buey Arriba se han inundado extensas áreas. El panorama confirma la vulnerabilidad de las provincias orientales ante cada gran ciclón, mientras la población enfrenta sola las consecuencias de una infraestructura débil y un régimen incapaz de blindar al país frente a desastres de esta magnitud.
De acuerdo con la trayectoria prevista, Melissa debe seguir debilitándose en las próximas 12 a 24 horas al interactuar con tierra, aunque mantendrá su avance hacia el noreste. Se espera que permanezca centrado sobre Santiago de Cuba y salga hacia la mañana por las inmediaciones de Banes, en Holguín.

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