El MININT estrecha el cerco sobre las remesas y el dólar

El Ministerio del Interior del régimen cubano anunció una ofensiva contra varias redes informales de remesas y cambio de divisas que operaban en La Habana, con detenciones, incautaciones millonarias y una vigilancia más agresiva sobre WhatsApp, Telegram y Facebook. La operación deja claro hasta dónde llega el control político cuando la economía se mueve fuera de los canales oficiales.

En un programa de propaganda estatal, el teniente coronel Gisnel Rivero Crespo, jefe del Departamento de Enfrentamiento a los Delitos Económicos de la Dirección General de Investigación Criminal del MININT, dijo que una de las estructuras desarticuladas funcionaba desde dos viviendas en Luyanó, en el municipio habanero de Diez de Octubre. Allí, según el oficial, se entregaba en efectivo el dinero enviado desde el exterior por familiares de cubanos dentro de la Isla.

Durante el operativo, las autoridades ocuparon 183.278 dólares, 15.560 euros y 1.500.900 pesos cubanos, además de dos automóviles Kia Picanto modelo 2025, cinco cajas fuertes, tres máquinas de contar dinero, 12 tarjetas magnéticas bancarias, tres teléfonos celulares, una computadora portátil y documentos relacionados con otras cinco viviendas. La magnitud de lo decomisado muestra un mercado paralelo que el régimen pretende presentar como simple delito, pero que nace de la asfixia financiera y de la imposibilidad de acceder con normalidad a divisas en los bancos estatales.

Rivero Crespo añadió que otra red operaba de forma sistemática desde dos casas en Plaza de la Revolución. En esos puntos, dijo, acudían personas en autos, motos y a pie para hacer operaciones de canje y recanje. En los embargos de ese caso, el MININT ocupó 17.210 dólares, 13.475 euros, 2.199.650 pesos cubanos, dos motos eléctricas, dos laptops asociadas a un equipo de videoprotección, tres celulares, una máquina de contar dinero y siete tarjetas magnéticas con distintos saldos.

El oficial también confirmó la detención de los implicados y el arresto de un actor económico privado que llegó a depositar la recaudación del día para convertirla a la tasa informal. Aunque no quedó detenido, sí fue dejado sujeto al proceso penal como imputado. Esa línea es reveladora: el régimen no solo persigue a quienes mueven remesas y divisas, también amarra a cuentapropistas y mipymes a la lógica del castigo, en un entorno donde sobrevivir exige moverse en la economía que el propio Estado no logra sostener.

La arremetida incluyó además a un ciudadano con movimientos bancarios en CUC, USD y CUP por montos superiores a los 36 millones de pesos en créditos y más de 35 millones en débitos. Según la información divulgada, esa persona integraba un entramado dedicado al tráfico ilegal de divisas, con operaciones en dólares, euros, Zelle y pesos mexicanos desde su casa en El Vedado y el uso de otra persona en Quiebra Hacha, Mariel, Artemisa. Al principal señalado también se le atribuye ser socio, desde 2022, de una Mipyme radicada en Artemisa, y se le decomisaron grandes sumas de dinero y equipos.

El MININT afirmó que quedan más de 300 investigaciones abiertas sobre el mercado informal de divisas e incluso reconoció infiltraciones en grupos de WhatsApp y monitoreos en Telegram y Facebook, donde se hacen compras y ventas de moneda extranjera. La admisión confirma que el régimen ha convertido las redes digitales en otro frente de vigilancia, igual que las casas, los negocios privados y cualquier espacio donde el cubano intenta defenderse de la miseria monetaria.

Según el propio reporte oficial, estas operaciones fijan tasas tomando como referencia el mercado informal y añaden márgenes que pueden superar el 15%, lo que presiona al alza los precios y devalúa la moneda nacional. El problema de fondo sigue siendo el mismo: la economía cubana depende del dinero que entra desde afuera, pero el régimen intenta monopolizar su flujo, controla los canales formales y luego criminaliza los circuitos que la gente usa para resolver.

La ofensiva del MININT llega además en un momento en que remesas, cambios de divisas y recargas internacionales se han vuelto una fuente esencial de oxígeno para las familias y también para la cúpula castrista. En vez de crear un sistema bancario funcional y reglas mínimamente confiables, La Habana profundiza la persecución, extiende la infiltración y empuja a más cubanos a operar en la sombra para poder comer, comprar o simplemente recibir el dinero de los suyos.

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