Un motín en la prisión de alta seguridad de Canaleta, en Ciego de Ávila, sacó a la luz este jueves las denuncias de violencia, falta de atención médica y abusos que cargan los reclusos dentro del penal. Entre los que protestaron habría presos políticos, según reportes difundidos desde la oposición cubana.
José Daniel Ferrer alertó que perdió la comunicación con los internos pocos minutos después de iniciada la protesta y dijo que no sabía si estaban siendo golpeados o torturados. En su mensaje afirmó que entre los participantes había miembros de Cuba Primero, lo que convierte el estallido carcelario en un golpe directo al control político del régimen dentro de sus prisiones.
Los videos publicados muestran a presos reclamando por la falta de atención médica, las golpizas y otros maltratos dentro de la cárcel. También dejan ver a las autoridades del penal recurriendo a equipos de soldadura para abrir una reja, después de que los reclusos bloquearan el acceso a una de las zonas de la instalación.
Armando Labrador, uno de los fundadores de Cuba Primero, aseguró que dentro del centro penitenciario se escucharon consignas como “Libertad”, “Patria y Vida” y “Abajo Díaz-Canel”, junto con un cacerolazo de rebeldía contra el régimen. En fotografías compartidas después, aparecieron carteles hechos con sábanas; uno de ellos pedía la liberación de los dos jóvenes del proyecto audiovisual El4tico, Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayas, encarcelados recientemente por la policía política.
Canaleta vuelve así al centro de una denuncia que trasciende el incidente puntual. La protesta refleja un sistema penitenciario donde la cárcel funciona como castigo, disciplina política y espacio de abuso, mientras los reclusos quedan expuestos a la violencia y al abandono médico. Cuando una prisión estalla por dentro, el mensaje que sale es claro: el control del régimen descansa sobre la fuerza, no sobre garantías mínimas ni respeto a la dignidad humana.
La difusión de los rostros de algunos carceleros presuntamente implicados en golpizas y represión a presos políticos apunta en la misma dirección. En Canaleta, como en tantas cárceles cubanas, la arbitrariedad se administra desde arriba y la respuesta del aparato represivo vuelve a ser el silencio, la presión y el maltrato. El motín dejó al descubierto lo que el régimen intenta ocultar detrás de los muros: presos sin atención, familias sin respuesta y un sistema carcelario sostenido por la brutalidad.

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