La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba elevó este sábado una advertencia que el régimen no puede seguir esquivando: la isla vive un agravamiento de su situación económica y social, y la salida exige diálogo, cambios estructurales y un mínimo de apertura política. El mensaje, divulgado por la propia COCC, refleja hasta qué punto el colapso cotidiano ha desbordado la capacidad del poder para maquillar la realidad.
Los obispos hablaron con claridad inusual para una coyuntura marcada por la escasez, los apagones y la angustia acumulada en los hogares cubanos. “Cuba necesita cambios y son cada vez más urgentes”, afirmaron, al tiempo que rechazaron cualquier salida que añada “más angustias ni dolor” a una población golpeada por una crisis que ya lleva más de cinco años erosionando la vida nacional.
El pronunciamiento aparece en medio de la amenaza de una posible paralización del suministro de petróleo a la isla, después de la orden del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer aranceles a los países que vendan crudo a Cuba. La COCC pidió que los conflictos se resuelvan mediante el diálogo y la diplomacia, “nunca por la coerción o la violencia”, una formulación que coloca al régimen frente a su propia responsabilidad en el desastre interno que ha empujado al país al borde del agotamiento.
La Iglesia católica también reclamó “un ambiente de pluralidad y respeto dentro del país”, una exigencia que toca una de las heridas más profundas de la nación: la falta de libertades bajo el control político del castrismo. En un sistema donde el poder pretende monopolizar la vida pública y cerrar cualquier espacio independiente, pedir pluralidad equivale a denunciar el asfixiante cerco que sostiene la dictadura sobre la sociedad cubana.
El diagnóstico de los obispos coincide con lo que millones de cubanos padecen a diario: generación eléctrica deteriorada, hospitales sin suministros, transporte público deficiente, problemas con el agua, escasez de alimentos, medicinas y combustible, apagones prolongados, inflación alta, dolarización creciente, baja producción agrícola e industrial y una migración masiva que sigue vaciando el país. La Iglesia ha puesto en palabras una realidad que el régimen intenta minimizar, pero que ya se impone en la calle, en la mesa y en cada rincón de la vida cubana.

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