El actor cubano Alejandro Palomino volvió a poner en evidencia la fractura entre el discurso del poder y la vida real en Cuba al denunciar en Facebook los apagones que mantienen al país a oscuras. Su mensaje, cargado de ironía y cansancio, retrata el hartazgo de millones de cubanos que llevan días sometidos a cortes eléctricos sostenidos sin una salida visible.
Palomino apuntó directamente contra la retórica oficial que insiste en pedir calma mientras el Sistema Eléctrico Nacional se desmorona. En su publicación rechazó la acomodación del “Todo bien” y el llamado a “saldremos de esta”, dos fórmulas que chocan con una realidad mucho más dura: un país atrapado entre apagones prolongados, deterioro técnico y una red incapaz de sostener un servicio básico.
La crisis se agravó cuando la Antonio Guiteras, la mayor central termoeléctrica del país, sufrió una rotura que provocó un apagón masivo desde Las Tunas hasta Pinar del Río. Aunque la planta volvió a reconectarse al sistema el domingo, el alivio fue momentáneo. Los cortes siguieron durante horas y este lunes el panorama continuó sin mejora.
El parte de la Unión Eléctrica de este lunes dejó la magnitud del derrumbe sobre la mesa: a las 6:00 am, la disponibilidad era de 1150 MW frente a una demanda de 2290 MW, para un déficit de 1140 MW. Cinco unidades permanecían fuera de servicio por avería y otras tres estaban en mantenimiento. Esa combinación confirma un sistema agotado, sin respaldo suficiente y sostenido a duras penas por reparaciones que nunca alcanzan.
La Habana también cargó con el impacto. En la capital, donde el servicio suele resentirse menos que en el resto del país, los apagones del domingo se extendieron por más de 17 horas, con afectaciones de emergencia. Para familias, enfermos, trabajadores y pequeños negocios, la crisis energética ya es una condena cotidiana que trastorna la rutina, encarece cualquier esfuerzo y deja al desnudo la incapacidad del régimen para garantizar lo elemental.
Décadas de explotación intensiva, falta de mantenimiento e inversiones insuficientes llevaron al sistema eléctrico cubano a este punto de colapso. La respuesta oficial sigue encerrada en la propaganda y en una narrativa vacía que pide resistencia mientras la población paga el costo completo del desastre. La denuncia de Palomino recoge ese cansancio social y expone, con una sola publicación, la distancia creciente entre el relato del poder y la realidad de un país que vive a oscuras.

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