Régimen cubano monta actos de repudio contra Mike Hammer en Camagüey y Trinidad

El régimen volvió a sacar a la calle a sus voceros más ruidosos para hostigar al encargado de Negocios de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, durante su paso por Camagüey y Trinidad. La escena se repitió con el mismo libreto gastado de la dictadura: gritos, consignas vacías, vigilancia y una puesta en escena pensada para intimidar, no para convencer a nadie.

En Camagüey, un grupo movilizado esperó al diplomático en las afueras de su hospedaje. Desde allí soltaron los insultos de siempre, con el repertorio que el castrismo ha usado durante décadas para fabricar odio político y fingir respaldo popular. El pequeño coro no entró al alojamiento, pero sí dejó clara la orden de arriba: marcar territorio y mandar un mensaje de presión a un funcionario que ha hablado sin rodeos sobre la represión en la Isla.

El propio desarrollo del acto deja ver otro detalle que ya forma parte de la maquinaria del régimen: varias personas habrían grabado lo ocurrido desde distintos ángulos, en una maniobra útil para alimentar después la propaganda oficial. En Cuba, los actos de repudio rara vez son espontáneos. Funcionan como teatro político, como advertencia y como método de intimidación pública.

La misma jornada dejó un episodio parecido en Trinidad. Después del altercado, la Embajada de Estados Unidos en Cuba difundió videos en los que Hammer aseguró que seguirá recorriendo la Isla y hablando con cubanos de a pie. El mensaje del diplomático, lejos de amilanarse, volvió a poner en evidencia la distancia entre la gente común y la comparsa organizada por el aparato represivo.

Hammer dijo que ha conversado con cubanos sobre sus aspiraciones y deseos de una Cuba mejor, y remarcó que quienes lo increpan “no representan al pueblo cubano”. También contó que se reunió de nuevo con el padre Conrado en Trinidad y que, al salir de la parroquia, un grupo de comunistas le gritó obscenidades. Su reacción dejó otro dato incómodo para el régimen: el control político puede llenar una calle, pero no borra el rechazo que crece dentro y fuera de la Isla.

Desde su llegada a La Habana en 2023, Hammer ha mantenido una postura pública firme a favor de las libertades fundamentales. Ha denunciado detenciones arbitrarias, represión contra activistas y periodistas independientes, y el atropello cotidiano contra los derechos de expresión, reunión y movimiento. Precisamente por eso se convirtió en blanco de la furia oficial: porque no se limitó al lenguaje diplomático y habló del abuso del poder cubano con claridad.

El caso también vuelve a mostrar el uso político que el régimen hace de la calle cuando se siente acorralado. Mientras presume respeto y soberanía, moviliza a sus cuadros para humillar a un representante extranjero y para escenificar una falsa unanimidad. Esa es la vieja lógica del castrismo: convertir la intimidación en mensaje y la mentira en decorado.

En medio de ese clima, la embajada estadounidense celebró un evento en La Habana por el inicio de las conmemoraciones del 250 aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, dentro de la campaña “Freedom 250”. Hammer lamentó que varios invitados no pudieran asistir porque la Seguridad del Estado se los impidió con arrestos domiciliarios, un recordatorio más de que el régimen cubano sigue usando la represión para decidir quién entra y quién sale de cualquier espacio público.

Al encuentro asistieron representantes diplomáticos, familiares de presos políticos, prensa extranjera, líderes católicos y cristianos. Allí se transmitió además un mensaje del subsecretario de Estado, Cris Landau, quien ratificó el apoyo al pueblo cubano de a pie y la exigencia de liberar a todos los presos políticos y respetar los derechos humanos. Hammer cerró con una promesa que irrita a la dictadura: los cubanos ejercerán sus libertades fundamentales y el régimen castrocomunista no podrá sostenerse indefinidamente sobre una revolución fracasada que ya traicionó al país.

Durante ese evento se estrenó el documental La noche no será eterna, centrado en historias de personas vinculadas a las protestas del 11 de julio de 2021. Dos de sus protagonistas, el padre Alberto Reyes y la periodista Camila Acosta, lograron llegar pese al cerco policial. El mensaje fue claro: mientras el régimen insiste en montar actos de repudio, también sigue enfrentando la memoria viva de la represión que no ha logrado borrar.

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