Marco Rubio volvió a poner sobre la mesa una vieja herida que el régimen cubano insiste en esconder: el refugio otorgado en la isla a William Morales, uno de los implicados en el atentado terrorista contra Fraunces Tavern, en Nueva York. El secretario de Estado de Estados Unidos recordó este 24 de enero el ataque de 1975, cuando una bomba explotó en pleno horario de almuerzo en el histórico restaurante del bajo Manhattan y dejó cuatro muertos y cincuenta heridos.
Rubio, cubanoamericano y también asesor de Seguridad Nacional, afirmó que Washington no abandonará la búsqueda de justicia para las víctimas. En su mensaje, describió al régimen de La Habana como un amparo para Morales, a quien señaló como autor intelectual de aquel crimen. La denuncia vuelve a exhibir una práctica que durante décadas ha protegido a fugitivos reclamados por la justicia estadounidense, mientras el aparato oficial cubano se escuda en la narrativa del asilo político para encubrir a criminales.
El atentado de Fraunces Tavern terminó con la vida de Alejandro Berger, Frank Connor, James Gezork y Harold Sherburne. Fue una acción calculada, ejecutada con una bomba colocada durante la hora del almuerzo en 54 Pearl Street, en la zona financiera de Nueva York. Medio siglo después, el recuerdo de esa masacre sigue chocando con la impunidad que Caracas no puede ocultar y que La Habana ha convertido en política de refugio para prófugos de alto perfil.
Morales fue arrestado en 1978, después de que otra bomba explotara por accidente mientras la fabricaba en un apartamento de Queens. Más tarde recibió una condena de 89 años por delitos vinculados con explosivos y armas, pero se fugó en 1979 mientras recibía tratamiento médico en Nueva York. Tras pasar por México, llegó a Cuba en 1988 y desde entonces ha vivido libremente bajo la protección del régimen de Fidel Castro.
La propia maquinaria propagandística del castrismo ha dejado rastros de esa protección. Morales ha aparecido en video junto a Joanne Chesimard, otra fugitiva buscada por la justicia de Estados Unidos, en una entrevista sobre su vida en la isla. Chesimard, también conocida como Assata Shakur, murió en septiembre de 2025 en La Habana, según una nota del MINREX que atribuyó su fallecimiento a padecimientos de salud y a su avanzada edad.
Su historial criminal también está documentado. Militante del Ejército Negro de Liberación, fue declarada culpable en 1977 del asesinato en primer grado del policía de carreteras de Nueva Jersey Werner Foerster y condenada a cadena perpetua. Menos de dos años después escapó de la cárcel y reapareció en Cuba en 1984. El patrón es el mismo: delincuentes reclamados por la justicia, acogidos por una dictadura que usa el asilo como escudo político y como provocación permanente contra Estados Unidos.
El congresista cubanoamericano Carlos Giménez respaldó la denuncia de Rubio y acusó al régimen de albergar a algunos de los criminales más peligrosos del mundo, incluidos terroristas condenados y prófugos de la justicia estadounidense. Washington ha reiterado durante años que Cuba protege a fugitivos y que esa conducta viola normas internacionales de cooperación judicial. También ha servido como uno de los argumentos centrales para mantener a la isla en la lista de países que no cooperan plenamente en la lucha contra el terrorismo.

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