Trump presiona a Cuba y Venezuela con su ofensiva regional

La segunda vuelta de la política de Donald Trump sobre el continente ya golpea con fuerza en dos frentes sensibles para Cuba: la migración y la energía. Desde Davos, el presidente estadounidense marcó el compás con amenazas, gestos de poder y una agenda que sacude a América Latina, mientras en la isla y en Venezuela se siente el desgaste de un mapa regional cada vez más hostil para los regímenes que dependen de apoyos externos y de equilibrios frágiles.

El panorama que recoge la prensa citada desde Suiza muestra un orden internacional en tensión y a los gobiernos latinoamericanos obligados a moverse con cautela. En Canadá, Mark Carney habló de una ruptura del orden mundial y defendió que las potencias medias actúen juntas para no quedar atrapadas por la agenda de las grandes potencias. Ese mensaje también retrata lo que ocurre en el hemisferio: varios gobiernos respaldan la Junta de Paz de Trump, pero Cuba y Venezuela observan con prudencia porque cualquier giro de Washington puede traducirse en más presión política, más aislamiento y menos margen de maniobra.

La ofensiva migratoria de Trump ofrece su cara más dura en Estados Unidos. En Minnesota, agentes del ICE detuvieron a un niño de cinco años y a su padre durante una redada intensiva. La jefa de policía del distrito explicó que el menor fue sacado del coche y obligado a tocar la puerta de la casa, una maniobra que calificó de señuelo. Padre e hijo terminaron bajo custodia, pese a que el abogado de la familia aseguró que el proceso de asilo seguía en curso y que no existía una orden de deportación firme. El caso expone la brutalidad con que la Casa Blanca está aplicando su política migratoria.

En Venezuela, la Asamblea Nacional aprobó en primera lectura un proyecto de ley que abre completamente la explotación petrolera al sector privado. La medida rompe con el monopolio estatal y permite que empresas privadas domiciliadas en el país exploten el crudo tras firmar los contratos correspondientes. El giro llega en medio de un acercamiento con Estados Unidos y confirma la presión que empuja al chavismo a buscar oxígeno en un terreno que antes controlaba de forma cerrada.

Para Cuba, el daño es directo. Durante años, el régimen de La Habana sostuvo su suministro energético en el petróleo venezolano, dentro de un intercambio político en el que Caracas enviaba combustible y La Habana respondía con médicos, maestros y otros especialistas. Ese arreglo sostuvo divisas y energía para una economía quebrada, pero hoy se deshilacha. México ha reemplazado a Venezuela como principal proveedor y envía unos 12.000 barriles diarios, alrededor de una quinta parte de las necesidades cubanas. Washington tolera esos envíos, según el análisis citado, para evitar un colapso descontrolado del régimen cubano.

La otra gran grieta está en Rusia. El material consultado habla de un vacío geopolítico por la falta de respuesta de Moscú al llamado de La Habana, justo cuando el régimen busca un salvavidas externo para su crisis energética. El aislamiento no es menor: Cuba queda otra vez atada a una dependencia que se afloja, mientras cambia el viento en Washington, se reacomoda Caracas y se enfría el soporte que durante años sostuvo a la dictadura de La Habana.

Acerca de Redacción 4173 Artículo
Publicamos noticias, crónicas y reportajes de actualidad cubana. Nos define la integridad periodística, la veracidad y la calidad de nuestra información.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta