Marco Rubio usó el español y hasta una broma de identidad cubana para marcar la cumbre Escudo de las Américas, celebrada este sábado en Trump National Doral, Miami, ante líderes de 12 países de América Latina y el Caribe. En medio de su discurso, el secretario de Estado de Estados Unidos soltó la frase con la que buscó cercanía: “yo hablo cubano”.
El gesto no fue menor. Rubio aprovechó el escenario para vender la reunión como una señal de prioridad real para la región y para respaldar la línea de Donald Trump, a quien agradeció por haber convertido a América Latina en una agenda concreta y no en una promesa de salón. En su relato, el presidente “lo dijo y lo hizo”, en contraste con mandatarios anteriores que, según él, dejaron el tema en palabras vacías.
La intervención tuvo una lectura política clara para la diáspora cubana en Miami y para la región. Rubio, uno de los rostros más visibles de la política exterior de Washington hacia América Latina, apeló a su origen y al español para reforzar una idea de alianzas, seguridad y desarrollo económico frente a gobiernos que dependen de la propaganda, el control político o la sumisión a proyectos autoritarios. En ese contraste, Cuba aparece como el ejemplo más duro: una isla encerrada por un régimen que asfixia la economía y bloquea cualquier relación normal con el mundo.
Rubio insistió en que Estados Unidos quiere ser socio de los países asistentes en su desarrollo económico, su seguridad y su prosperidad. Esa línea encaja con el intento de Trump de devolverle peso hemisférico a la región y de romper con años de indiferencia diplomática hacia el sur del continente, una deuda que Miami conoce bien por sus efectos sobre el exilio y sobre los países que cargan con la inestabilidad de regímenes cerrados.
La escena también dejó una señal simbólica sobre el papel de Florida y de la comunidad cubana en este tipo de mensajes. El “yo hablo cubano” funcionó como una marca de identidad y de poder político, pero también como recordatorio de una realidad que el castrismo ha dejado a la vista durante décadas: Cuba sigue siendo una herida abierta por el fracaso del sistema y por la salida forzada de tantos de sus hijos.

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