Trump retira el arancel petrolero ligado a Cuba

La Casa Blanca desmontó el 20 de febrero el mecanismo con el que Donald Trump pretendía castigar a los países que vendieran petróleo a Cuba. La orden ejecutiva elimina la base legal para imponer aranceles adicionales a terceros Estados o empresas bajo la Ley de Poderes Económicos en Emergencias Internacionales, justo cuando la isla sigue hundida en apagones y escasez de combustible.

La decisión borra el recargo que había quedado sobre la mesa desde el 29 de enero, cuando Trump declaró una emergencia nacional vinculada al régimen cubano y abrió la puerta a sanciones comerciales contra cualquier proveedor de crudo. Ese esquema dependía de una determinación del Departamento de Comercio y de una recomendación del Departamento de Estado, pero ya no tendrá sustento.

El giro llega el mismo día en que el Tribunal Supremo de Estados Unidos falló que la IEEPA no autoriza al presidente a imponer aranceles. Con esa sentencia, el andamiaje jurídico que sostenía esa amenaza comercial quedó debilitado y la medida contra Cuba perdió la pieza central que la hacía viable.

Para La Habana, la señal inmediata es clara: desaparece un factor de presión sobre los posibles abastecedores de petróleo. En un país donde el colapso energético golpea la vida diaria, cualquier alivio para el régimen no toca la raíz del problema, que sigue siendo un sistema incapaz de garantizar combustible, electricidad y estabilidad mínima a la población.

La orden, sin embargo, no equivale a una normalización ni a un deshielo. La emergencia nacional sigue vigente y Washington conserva otras herramientas de presión. Días antes, Trump prorrogó por un año la autoridad que permite regular, inspeccionar e incluso detener embarcaciones con destino a Cuba bajo argumentos de seguridad nacional y riesgo migratorio.

El mensaje político es más amplio que la letra del decreto: el régimen cubano sigue atrapado en un marco de sanciones, advertencias y controles que reflejan su propia fragilidad económica y su dependencia crónica del exterior. La nueva orden quita un arma comercial específica, pero no cambia la realidad de un país donde el poder insiste en sostenerse mientras la crisis energética aprieta a las familias.

Trump eliminó el mecanismo para castigar con aranceles a quienes vendan petróleo a Cuba, pero la emergencia contra el régimen y la presión de Washington siguen intactas.[8][

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