Donald Trump confirmó en Truth Social que habló por teléfono con el gobernador demócrata de Minnesota, Tim Walz, en medio de la tensión desatada por las muertes vinculadas a operativos del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas. El presidente aseguró que la conversación fue cordial y adelantó que Tom Homan, el zar fronterizo, visitará el estado próximamente.
Trump presentó el contacto como una coordinación directa para perseguir a “criminales” bajo custodia, y afirmó que tanto él como Walz quieren mejorar la situación en Minnesota. El mensaje llegó acompañado de otra señal clara: la Casa Blanca sigue empujando su agenda de mano dura, con el aparato migratorio convertido en herramienta de presión política y de exhibición de fuerza.
Walz también describió la llamada como productiva, pero su tono fue mucho más severo frente al operativo federal. Dijo que el estado vive rabia y duelo, y reclamó que Trump retire a los 3.000 agentes de ICE desplegados allí antes de que ocurra otra muerte. El gobernador insistió en que el gobierno federal debe sacar sus fuerzas del territorio para frenar una escalada que ya ha dejado víctimas y ha encendido protestas masivas.
El malestar se agravó tras la muerte de Alex Pretti, un estadounidense de 37 años, abatido por un agente federal el sábado pasado. Funcionarios federales dijeron que se acercó a los agentes con una pistola de 9 milímetros y se resistió a ser desarmado. Testigos, en cambio, han puesto en duda que representara una amenaza real. La versión oficial choca con el impacto político del caso, que volvió a colocar a ICE en el centro de la crítica pública.
La tensión no empezó ahí. En enero, Renee Good, madre de tres hijos, murió tras recibir cuatro disparos de agentes de ICE, según un informe médico citado por Fox News Digital. El Departamento de Seguridad Nacional alegó entonces que el disparo fue en defensa propia, después de que Good manejara su SUV de una forma que interpretaron como amenaza. La sucesión de muertes deja una misma imagen de fondo: un aparato federal cada vez más agresivo, una respuesta política dura desde Washington y un estado atrapado entre la orden y la protesta.

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