Miguel Díaz-Canel aterrizó en Hanoi en medio de la crisis interna que asfixia diariamente a los cubanos. El viaje, presentado por la propaganda oficial como una “visita de hermandad y cooperación”, en realidad evidencia la dependencia crónica del régimen castrista de aliados que, como Vietnam, todavía aceptan sostener al régime cubano a cambio de influencia política.
Mientras en Cuba escasea el arroz, los medicamentos y el fluido eléctrico, Díaz-Canel dedica su tiempo a repetir las viejas consignas sobre el “imperialismo” y la “resistencia”. Su discurso ante la Asamblea Nacional de Vietnam no mencionó ni una sola vez la precariedad de la vida en Cuba, pero sí agradeció con insistencia los cargamentos de ayuda que Hanoi envía periódicamente a Cuba para mitigar el hambre.
La visita incluyó encuentros con dirigentes del Partido Comunista vietnamita, intercambio de condecoraciones y la firma de acuerdos con mucha fanfarria, aunque en la práctica significan bastante poco para los cubano que sufre apagones de hasta 20 horas, lascolas interminables y los salarios invisibles.
El castrismo convierte estas giras internacinales en vidrieras propagandísticas, invocando la memoria de Fidel Castro y utilizando los medios para proyectar una falsa sensación de prestigio internacional. La realidad es que Cuba mendiga alimentos y créditos porque su modelo económico, centralizado e ineficaz, es incapaz de sostener al país. Para la nomenklatura cubana, estas ceremonias son oxígeno político; para los cubanos de a pie, son la confirmación de que el régimen prefiere posar en el extranjero antes que asumir su fracaso interno.

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