La Embajada de Rusia en La Habana salió a desmentir este domingo un supuesto envío de más de 200 mil barriles de crudo a Cuba y dejó en evidencia una maniobra propagandística que el régimen intentó vender como salvación energética. La sede diplomática calificó de falsa la información que circuló en redes sociales y aclaró que la Cancillería rusa no había publicado ningún comunicado de ese tipo.
El desmentido golpea de frente una narrativa que buscaba presentar como hecho consumado la llegada del buque ruso Sea Horse al puerto de La Habana, con crudo a bordo y una escolta militar incluida. El texto atribuido al Kremlin hablaba incluso de una posible respuesta rusa ante cualquier intento de interceptación por parte de Estados Unidos, una versión que la propia embajada desmontó con una advertencia seca: no se dejen engañar.
La operación de desinformación no salió de la nada. Detrás estuvo la urgencia del régimen por sostener una imagen de alivio en medio de otra crisis energética que aprieta a los cubanos por todos lados. La isla se acerca al agotamiento de sus reservas de crudo, según advertencias de expertos, y el colapso ya se traduce en apagones de más de 20 horas en algunas localidades, transporte paralizado y una vida cotidiana cada vez más arrinconada por la escasez.
El episodio también exhibe el deterioro de la relación entre La Habana y Moscú en términos prácticos. La semana pasada, Vladimir Putin recibió al canciller cubano Bruno Rodríguez en el Kremlin y el mensaje público se quedó en solidaridad política, sin compromisos concretos para aliviar el hueco energético de la isla. Antes, Serguéi Lavrov había lanzado una advertencia a Washington sobre cualquier intento de bloqueo naval, pero nada de eso se tradujo en la ayuda inmediata que el régimen necesita desesperadamente.
En lugar de transparencia, la maquinaria oficial cubana apostó por amplificar una versión falsa que terminó desmentida por la propia fuente rusa. El resultado deja una lección amarga: en medio del apagón, el hambre de combustible y el desgaste social que golpea a la población, el régimen sigue prefiriendo el montaje político antes que admitir la magnitud real del derrumbe energético que provocó.

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