La Fiscalía General de la República imputó al exministro de Economía y Planificación Alejandro Gil Fernández por espionaje y por una cadena de delitos que incluye malversación, lavado de activos, falsificación de documentos, evasión fiscal y tráfico de influencias. El expediente contra uno de los hombres más cercanos a Miguel Díaz-Canel entra así en una fase mucho más grave y expone, otra vez, el deterioro moral y político de la cúpula del régimen.
El Tribunal Supremo Popular confirmó la noticia, aunque sin anunciar la fecha del juicio. Tampoco ofreció detalles sobre las otras personas que, según dijo, también están siendo imputadas. Esa opacidad, habitual en los procesos sensibles dentro del sistema cubano, deja en el aire un caso que lleva más de un año y medio sin información oficial clara.
Gil Fernández fue destituido en febrero de 2024, junto con otros altos cargos como Elba Rosa Pérez Montoya y Manuel Santiago Sobrino Martínez. Desde entonces, el silencio oficial fue absoluto hasta este anuncio, divulgado en medio de la crisis que atraviesa el oriente del país tras el paso del huracán Melissa. La coincidencia alimenta lecturas políticas evidentes: el régimen mueve ahora un expediente explosivo mientras el desastre humanitario y material sigue golpeando a miles de cubanos.
La acusación por espionaje eleva el caso a un terreno especialmente delicado. Se trata de un delito contra la seguridad del Estado que, según el Código Penal vigente en la isla, puede conllevar penas de hasta muerte o cadena perpetua. No hay precedentes cercanos sobre un funcionario de la cúpula sometido a una imputación de este tipo, lo que revela la magnitud del derrumbe alrededor de un exministro que durante años formó parte del círculo de confianza del poder.
Díaz-Canel lo nombró ministro en 2018 y, desde 2019, también vice primer ministro. La relación entre ambos fue tan estrecha que, incluso después de su destitución, el gobernante le agradeció públicamente su trabajo en X y más tarde lo felicitó por su cumpleaños. Esa cercanía vuelve todavía más comprometedor el golpe político que representa su procesamiento.
Ingeniero de formación, Gil fue una figura clave en la llamada actualización del modelo económico, una fórmula que terminó hundiendo aún más la vida cotidiana de los cubanos. También aparece entre los principales promotores del paquete de reformas conocido como el paquetazo, asociado a la eliminación de subsidios y a un alza brutal de precios que vació todavía más los bolsillos de la población. Hoy, el mismo aparato que lo sostuvo durante años lo coloca en el centro de una acusación que exhibe la podredumbre interna del régimen y el fracaso de su propia maquinaria de poder.

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