Los Marlins de Miami cerraron la etapa de Víctor Mesa Jr. en su organización al designarlo para asignación, una fórmula administrativa que en la práctica equivale a sacarlo del roster y dejarlo a la espera de que otro equipo lo reclame. La salida llega después de un recorrido largo en las Menores y de un estreno breve y discreto en Grandes Ligas.
Mesa Jr., firmado en 2018 como agente libre internacional junto a su hermano Víctor Víctor, recibió un bono de un millón de dólares. Su hermano obtuvo cinco millones, pero tampoco logró llegar al máximo nivel. Aquella apuesta de los Marlins por dos apellidos conocidos del béisbol cubano terminó muy lejos de las expectativas que rodearon su llegada.
El jardinero de 24 años fue llamado al equipo grande en 2025 y apenas pudo sostenerse durante 16 partidos. En 38 apariciones al plato bateó para .188, conectó dos dobles, un jonrón y remolcó seis carreras. Ese rendimiento, sumado a la necesidad del club de abrir espacio en el roster de 40 para el lanzador Garret Acton, acabó por empujarlo fuera del equipo.
La trayectoria de Mesa Jr. también quedó marcada por las lesiones. Durante su paso por la organización de Miami arrastró problemas de tobillo y espalda en 2024, además de distensiones en los isquiotibiales en 2025. A eso se añadió la incertidumbre que genera su perfil: puede defender los tres jardines, pero todavía no ha logrado convertir esa versatilidad en estabilidad dentro de una plantilla de Grandes Ligas.
El caso del mayor de los hermanos Mesa añade una nota amarga a la historia familiar. En 2023 abandonó el equipo de Triple A en Jacksonville tras un desacuerdo con el cuerpo de dirección y fue colocado en la lista restringida, una condición que le impide jugar en cualquier liga profesional, dentro del sistema de MLB o fuera de él. La carrera de ambos quedó atravesada por decisiones, lesiones y promesas que nunca se cumplieron del todo.
Víctor Mesa Jr. llegó a ser considerado el cuarto mejor prospecto de Miami y todavía conserva la edad para aspirar a otra oportunidad. Ahora queda en un limbo, pendiente de que alguna franquicia decida reclamarlo. Su paso por los Marlins deja la imagen de un talento que no terminó de arrancar y de una organización que, como tantas veces, usa el lenguaje pulido de sus movimientos de roster para maquillar un despido frío.

Sé el primero en comentar