Díaz-Canel admite la urgencia de reformar el modelo cubano

Miguel Díaz-Canel volvió a reconocer este lunes que el modelo económico y social de Cuba necesita cambios urgentes, una admisión que confirma la magnitud del naufragio que su propio régimen se empeña en sostener. Durante la reunión mensual del Consejo de Ministros, el gobernante pidió concentrarse “de inmediato” en las transformaciones “más necesarias” para intentar contener una crisis que ya golpea salarios, precios, producción y servicios básicos.

El mensaje llegó acompañado de una lista de problemas acumulados por años: autonomía empresarial, autonomía municipal, redimensionamiento del aparato estatal, producción de alimentos, cambio de la matriz energética, exportaciones, inversión extranjera y negocios con cubanos residentes en el exterior. Cada uno de esos puntos expone el mismo fracaso: el control centralizado del régimen asfixió la economía hasta dejarla sin capacidad de respuesta, y ahora intenta vender como reforma lo que durante décadas bloqueó con su propio modelo.

Díaz-Canel insistió en que los municipios deben asumir más responsabilidades, desde gestionar inversión extranjera directa hasta organizar esquemas en divisas y diseñar sistemas productivos locales. El discurso traslada hacia abajo una carga que el poder político nunca quiso soltar arriba. En la Cuba real, esa autonomía llega después de años de decisiones concentradas en una cúpula que ha vaciado de contenido a las instituciones y ha convertido la administración pública en un mecanismo de obediencia, no de solución.

Mientras el gobernante habla de transformaciones, el ministro de Economía, Alonso Vázquez, admitió que al cierre de enero los precios subieron 0,67% y que la inflación interanual llegó a 12,5%. La cifra confirma lo que cualquier cubano siente en la calle: el dinero pierde valor, la comida sigue encareciéndose y el ingreso de la familia se evapora antes de llegar a fin de mes. El régimen sigue administrando la miseria con estadísticas parciales y promesas recicladas, mientras la crisis se profundiza.

En las últimas semanas, Díaz-Canel ha endurecido su tono reformista con frases como “cambiar todo lo que deba ser cambiado” y llamados a “luchar, resistir, transformar y vencer”. El problema es que el país no necesita consignas de supervivencia política. Necesita cambios reales en un aparato estatal sobredimensionado, una economía estrangulada y una estructura de poder que ha hecho del fracaso una costumbre de gobierno. Cuando el régimen habla de reformas, Cuba sigue pagando la factura de haber dejado demasiado tiempo el país en manos de la improvisación y el control absoluto.

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