La trama Koldo llevó armas a Moncloa en plena red de favores

Los chats del caso Koldo dejaron al descubierto una maniobra tan grosera como comprometedora: Ángel García Rosique, pareja de Miquel Iceta, compró armas con ayuda de intermediarios vinculados a esa trama y trató de guardarlas dentro del complejo de Moncloa mientras vivía allí con el ministro. La secuencia mezcla favores, acceso al poder y un uso indecente de contactos y privilegios en el corazón mismo de la sede del Ejecutivo español.

Las conversaciones intervenidas muestran que Koldo García conectó a García Rosique con el comandante Rubén Villalba para gestionar la compra de una pistola procedente de intervenciones de la Guardia Civil. Los mensajes reflejan que el piloto quería adquirir un arma corta, tramitar la licencia y resolver el depósito en su domicilio habitual. En ese circuito, el exasesor de José Luis Ábalos actuó como intermediario entre el comprador y el mando policial investigado.

El episodio se vuelve todavía más grave por el lugar donde ocurría. En primavera de 2021, García Rosique convivía con Iceta dentro del complejo de Moncloa, un espacio sometido a normas estrictas de seguridad. Cuando el piloto intentó instalar un armero para guardar las armas en esa vivienda oficial, Presidencia del Gobierno le respondió por correo que no podía autorizarlo. El propio mensaje recordó que en Moncloa solo los miembros de las fuerzas de seguridad pueden portar armas y únicamente en servicio.

La respuesta del aparato de seguridad cerró esa vía, pero los chats dejan ver que el intento no fue un impulso aislado. García Rosique volvió sobre la llamada “operación armero” semanas después y llegó a pedir a Koldo que moviera contactos para destrabar el asunto. También aparece en esas conversaciones la búsqueda de otra salida, mientras el entorno seguía funcionando con la lógica del favor, la influencia personal y el acceso privilegiado a funcionarios y mandos.

El caso ilustra el deterioro moral de una red política que se movía con naturalidad entre rescates públicos, colocaciones laborales y gestiones privadas de dudoso gusto. Koldo había intervenido antes para que García Rosique entrara como piloto en Iberojet, empresa del grupo Ávoris, rescatado con dinero público. Después, el mismo engranaje sirvió para empujar trámites de armas y buscar un sitio donde guardarlas dentro de una residencia oficial del poder. Esa mezcla de negocios, favores y cercanía al Gobierno es la verdadera radiografía del caso.

La historia también expone cómo una trama de accesos y dependencias pudo operar alrededor de un ministro y de una sede institucional que debería estar blindada frente a cualquier atajo. Moncloa terminó siendo el escenario donde se cruzaron un puesto conseguido por gestiones políticas, una compra de armas y un intento de ocultarlas en una casa oficial. En un país serio, eso exige respuestas claras. En la España de esta red de favores, lo que queda es la sospecha de que el poder se acostumbró demasiado a convivir con la impunidad.

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