Madrid volverá a ser este viernes un punto de reunión para cubanos del exilio y activistas democráticos que mantienen viva la memoria del 11 de julio de 2021, la jornada en que miles de ciudadanos salieron a las calles de la isla a exigir libertad, derechos y el fin de la dictadura. Cuatro años después, aquella protesta nacional sigue pesando sobre el régimen castrista porque dejó al descubierto, ante Cuba y ante el mundo, una verdad que el aparato de propaganda intentó negar durante décadas: el miedo podía romperse.
La convocatoria, organizada por el Movimiento Acciones por la Democracia, tendrá lugar en la Plaza de Santo Domingo, en el centro de la capital española, desde el mediodía hasta las 9:00 p.m. La jornada incluirá una carpa informativa dedicada a visibilizar la situación de más de 1.500 presos políticos en Cuba, una cifra que resume el costo humano de la represión desatada por el castrismo contra quienes se atrevieron a pedir un país libre.
A las 8:00 p.m. está prevista una manifestación con participación de la comunidad cubana en el exilio. Los lemas anunciados, “¡Libertad para los presos políticos!” y “¡Patria, Vida y Libertad!”, colocan el centro de la denuncia donde corresponde: en las cárceles, en las familias castigadas por pensar distinto y en un régimen que respondió con violencia al reclamo ciudadano más amplio de las últimas décadas.
El 11 de julio de 2021 comenzó en San Antonio de los Baños y se extendió hasta Santiago de Cuba y otras zonas del país. Jóvenes, madres, artistas, trabajadores y jubilados salieron a las calles sin pedir permiso al Partido Comunista. Gritaron “¡Libertad!”, “¡Abajo la dictadura!” y “¡Patria y Vida!”, una consigna que ya había quebrado el lenguaje oficial y que ese día se convirtió en voz de multitud.
La reacción del poder confirmó la naturaleza del sistema. Miguel Díaz-Canel apareció en la televisión nacional y lanzó la frase que marcó la represión: “La orden de combate está dada”. Después de esas palabras, el régimen empujó a cubanos contra cubanos y abrió paso a una cacería política. Miles de jóvenes fueron encarcelados por sus ideas y muchos continúan presos hasta hoy, convertidos en rehenes de un Estado que castiga la libertad como delito.
La conmemoración en Madrid tiene un peso político particular porque el exilio cubano ha cargado con una parte decisiva de la denuncia internacional. Fuera de la isla, donde el régimen no puede imponer el silencio con patrullas, citaciones y tribunales amañados, los cubanos han sostenido el reclamo por los presos políticos y han recordado que el 11J fue una expresión nacional de hartazgo frente a las políticas del comunismo cubano.
La jornada de este viernes busca precisamente impedir que la dictadura cierre el expediente del 11J con cárcel, censura y desgaste. Cada nombre de un preso político, cada familia separada y cada sentencia usada como escarmiento forman parte de la misma maquinaria represiva. El régimen quiso convertir aquella protesta en una advertencia. El exilio responde convirtiéndola en memoria activa y presión pública.
En ese mismo clima de recordación, el artista Yotuel Romero envió recientemente un mensaje al pueblo cubano en el que aseguró que el espíritu del 11J sigue vivo. También recordó que el documental Patria y Vida, presentado como un grito colectivo por la libertad de Cuba, será proyectado este 11 de julio en salas de cine de Florida. La cultura, en este caso, vuelve a ocupar el terreno que el castrismo siempre ha querido controlar: el relato de un país que ya no acepta obedecer en silencio.
El cuarto aniversario del 11J llega con una herida abierta. La dictadura conserva presos políticos, mantiene vigilancia sobre quienes protestaron y sigue tratando la inconformidad ciudadana como una amenaza militar. La Plaza de Santo Domingo será este viernes un espacio de denuncia contra ese abuso de poder y una señal para los cubanos dentro de la isla: la protesta de 2021 no quedó enterrada bajo la represión.
El 11J permanece como una fecha incómoda para el castrismo porque desmontó la imagen de unanimidad que el régimen fabrica desde sus medios y sus actos oficiales. Aquel día, miles de cubanos hablaron con la claridad que el poder teme. Cuatro años después, en Madrid, el reclamo vuelve a concentrarse en una exigencia elemental: libertad para los presos políticos y fin de la dictadura.

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