Hospitalizan a preso político cubano tras seis semanas en huelga

Roilán Álvarez Rensoler, preso político cubano de 40 años, fue hospitalizado en Holguín después de sufrir un paro cardíaco durante una huelga de hambre que ya supera las seis semanas. El cuadro llegó al límite en medio de las restricciones que le han impuesto a su familia, que solo ha podido hablar con él por teléfono y con visitas controladas por las autoridades.

Su hermana, Arianna Álvarez Rensoler, confirmó el deterioro de su salud y la gravedad del caso. La denuncia encaja con un patrón viejo del régimen: encerrar, aislar y empujar al extremo a quienes levantan una protesta política desde la prisión o desde la calle. Cuando un detenido termina reanimado en un hospital tras más de un mes sin comer, el mensaje del poder es tan brutal como transparente.

Álvarez Rensoler empezó la huelga el 31 de enero, luego de ser detenido por colocar carteles con consignas antigubernamentales y dañar una valla con la imagen de Fidel Castro en Holguín. Después de eso, las autoridades lo acusaron formalmente de difundir propaganda contra el régimen, una figura que en la práctica sirve para castigar la disidencia y convertir la crítica en delito.

El activista pertenece a la Unión Patriótica de Cuba y a Cuba Decide, dos organizaciones opositoras que el aparato estatal mira como amenaza porque cuestionan el control político del castrismo. También había cumplido antes una condena de un año de prisión en Santiago de Cuba por desacato, otra señal de cómo la represión judicial se repite contra quienes insisten en desafiar al poder.

La organización Justicia11J siguió el caso de cerca y alertó sobre el riesgo para su vida después del paro cardíaco y la reanimación. Cubalex, con sede en Miami, también advirtió que el activista corre peligro inminente. A la par, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos pidió al régimen que lo libere de inmediato junto con todas las personas detenidas por razones políticas.

El caso vuelve a exponer el costo humano de una dictadura que niega la existencia de presos políticos mientras encierra, vigila y castiga por razones ideológicas. En Cuba, la huelga de hambre sigue siendo una de las pocas armas de los opositores contra un sistema que controla el tribunal, la cárcel y la calle. Roilán Álvarez Rensoler se suma así a una lista de cubanos que han llevado su cuerpo al límite para denunciar un abuso que el Estado pretende ocultar.

Desde 2010, al menos dos disidentes han muerto tras protestas de este tipo, y el antecedente de Guillermo Fariñas sigue marcando la memoria de esas jornadas extremas. El régimen, mientras tanto, insiste en llamar “mercenarios” a sus opositores y en blindar con propaganda la represión que deja a familias enteras pendientes de una llamada, una visita o una cama de hospital.

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