Los reclusos en la prisión de máxima seguridad de Guanajay, en la provincia de Artemisa, están siendo sometidos a condiciones deplorables. Alimentos descompuestos, escasez de agua, ausencia de atención médica y una higiene precaria forman parte de la rutina carcelaria, según denunció Martha Domínguez a Marti Noticas, madre del periodista independiente Jorge Bello Domínguez.
Bello, condenado a 15 años de cárcel por participar en las protestas del 11 de julio de 2021 en Güira de Melena, padece una diabetes severa. Su estado de salud se ha agravado por la falta de insulina y el deterioro físico que conlleva la reclusión prolongada bajo condiciones insalubres. “Finalmente conseguimos la insulina, pero tenía el azúcar tan alta que se le reventaron los pies”, declaró su madre. “Allí no hay medicamentos, todo hay que llevarlo desde afuera.”
Los testimonios revelan un patrón de desnutrición y negligencia sostenido. “Lo que le están dando de arroz es un vasito de yogur de esos chiquitos que les dan a los niños, y la tenca está desconpuesta, llena de gusanos porque no hay refrigeración”, relató Domínguez. Los reclusos no reciben desayuno ni dietas especiales, incluso en casos con prescripción médica.
El área de visitas no escapa al horror. “El comedor apesta a orine, porque no hay agua ni para limpiar. A veces no se pueden ni bañar. Para tomar agua hay que hacer malabares”, añadió.
Además de los métodos tradicionales de tortura física y psicológica empleados por el sistema carcelario del régimen castrista, la verdadera tortura en las prisiones cubanas se manifiesta en la vida cotidiana: una existencia marcada por el abandono, la desatención y el deterioro sistemático del cuerpo y del espíritu.

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