El régimen castrista sigue apostando al turismo como tabla de salvación, pero los números confirman que el sector se hunde. Cuba recibió solo 981.856 visitantes internacionales en el primer semestre de 2025, un desplome del 25 % respecto al mismo período de 2024.
Con este ritmo, será casi imposible que el gobierno alcance su meta de 2,6 millones de turistas este año, una cifra que ya lucía inflada desde su anuncio.
La tendencia confirma el retroceso de la llamada “industria fantasma”, que en 2024 registró su peor resultado en 17 años, sin contar el impacto de la pandemia. Los principales mercados emisores, como Canadá, Rusia, Alemania, España y Estados Unidos, han recortado drásticamente el flujo de viajeros hacia la isla, mientras destinos vecinos como Cancún y Punta Cana baten récords. La caída más significativa fue la de Rusia, con un desplome del 43,5 %, seguida por Canadá, con una reducción del 25,9 %.
La explicación reaide en la aguda crisis económica, la falta de servicios básicos, los apagones, la inseguridad jurídica y la mala gestión desalientan incluso al turista más aventurero. Mientras tanto, el régimen destina más del 37 % de la inversión nacional a construir nuevos hoteles sin huéspedes, en manos de conglomerados militares como GAESA, mientras hospitales y escuelas colapsan por falta de recursos.
El turismo en Cuba se ha convertido en un espejismo costoso, una vitrina vacía que ya no seduce a nadie. Y en esa persistente apuesta por el cemento y la propaganda, el castrismo malgasta lo poco que queda, agravando la ruina de una economía en caída libre.

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