Roberto Ferrante, otro instrumento de la dictadura

LA HABANA, Cuba. – El mejor ejemplo para comprender las diferencias entre un provocador y un tonto nos lo ofreció hace unos días el productor musical italiano Roberto Ferrante. Quiso irse viral con lo que escribió sobre Celia Cruz y Benny Moré y sí que logró ser tendencia en internet, pero a un precio demasiado alto, tanto como para quizás arruinarse, que es como pagan siempre quienes no advierten el peligro de intentar por la fuerza colocar entre los dioses a un simple mortal.

Celia, el Benny, Ignacio Piñeiro, Miguel Matamoros, Elena Burque y Omara Portuondo, más allá de gustos musicales y números de Spotify, pertenecen al Olimpo, ya no solo de la música sino de la cultura universal, y no importarán la moda, la política, las ideologías ni las visualizaciones y facturaciones en YouTube para medir sus grandezas y genialidades. Estarán siempre en lo más alto, irradiando genio y buen gusto sobre nosotros, incluso si ya en el futuro no existieran los aventureros italianos, las disqueras, las plataformas digitales y los algoritmos que fabrican trending topics. 

Intentar derribar a los dioses del altar donde los puso el destino y la calidad incuestionable de sus obras no es irreverencia sino una rotunda estupidez, más si lo que se pretende es colocar en sus lugares a una promesa que necesitará pasar la prueba del tiempo, de los públicos de hoy y de los que llegarán o no con los años, para saber si pertenece a allí donde el poco sentido común pretende instalarlo solo para “provocar” (y de paso ofender, profanar), aunque sea a costa de hacer el ridículo porque eso vende, y lo que importa en estos tiempos es facturar rápido y furioso, antes que el fenómeno pase de moda.

Ya Fidel Castro intentó en vano lo mismo contra Celia Cruz (y contra todo aquel que no se plegara a sus antojos). Quiso borrarla de la historia musical cubana, pero la guarachera supo propinarle, solo con la grandeza de su arte, la paliza que se merecía. Quiso condenarla a la desmemoria, sabiendo cuán desmemoriados y oportunistas son los fanáticos del castrismo, pero no tuvo en cuenta el poder que tiene el verdadero arte para imponerse frente al más temible adversario.

Castro y Ferrante son cuñas de un mismo palo, de eso no debe haber dudas. No solo hay similitudes entre las pretensiones del dictador y las del productor napolitano sino que el ataque (porque sin dudas lo fue) de este último, lanzado la víspera del aniversario 99 del mayor enemigo que tuvieron Celia Cruz y el pueblo cubano, para nada fue mera coincidencia. 

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