La advertencia llegó desde la propia cúpula de Naciones Unidas y retrata con crudeza hasta dónde ha caído Cuba bajo el peso de su miseria estructural. Antonio Guterres expresó preocupación por un posible colapso humanitario en la isla si no aparece petróleo para cubrir necesidades básicas, una señal más de un país empujado al borde por la combinación de dependencia energética, destrucción económica y un régimen incapaz de sostener los servicios más elementales.
El portavoz Stéphane Dujarric dijo que el secretario general está “muy preocupado” por una situación que, de no resolverse, empeorará o colapsará. La frase resume el nivel de precariedad que vive la población cubana, atrapada en un sistema que convirtió el combustible en un recurso decisivo para todo: transporte, cocción de alimentos, hospitales, centros clínicos, bombeo de agua y plantas eléctricas. Cuando falta petróleo, se paraliza la vida cotidiana.
La isla lleva décadas sometida al embargo estadounidense y durante años dependió del suministro venezolano. Ese esquema, ya frágil, terminó de desmoronarse cuando Caracas dejó de enviar petróleo tras la caída de Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense. A ese derrumbe se sumó la presión de Donald Trump, que ha amenazado a otros países con aranceles si venden crudo a La Habana y llegó a decir que México dejaría de enviar petróleo a Cuba, a la que describió como una “nación fallida”.
En medio de esa asfixia, el propio aparato humanitario internacional reconoce que las labores de auxilio avanzan con tropiezos. Darío Álvarez, asesor de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU para América Latina y el Caribe, explicó que la situación de Cuba arrastra impactos acumulados por años y no responde a una urgencia reciente. Su valoración confirma lo que la propaganda oficial intenta ocultar: el desastre cubano viene de antes, se ha profundizado y hoy alcanza niveles críticos.
Álvarez recordó además el golpe de octubre, cuando el huracán Melissa dejó más de dos millones de afectados, y mencionó que en 2024 la isla sufrió dos huracanes en menos de 20 días, un terremoto y dos cortes energéticos masivos provocados por el deterioro del sistema eléctrico. Sobre Melissa, precisó que la OCHA mantiene una respuesta en marcha con suministros para salud, agua, saneamiento, albergues temporales y seguridad alimentaria.
Pero incluso esa ayuda choca con la falta de combustible. La oficina ha logrado movilizar apenas alrededor del 23% de los más de 74 millones de dólares necesarios, y el propio funcionario admitió que la carencia de petróleo retrasa cada operación. Sin combustible no se mueve la asistencia, no funcionan los equipos y no llegan con rapidez los recursos a la población golpeada por los apagones, los derrumbes y la escasez.
El cuadro que deja esta alerta de la ONU es el de una nación estrangulada por su propia incapacidad productiva y por un régimen que ha convertido la dependencia externa en condena permanente. Cuba no enfrenta solo una crisis energética: sufre el costo acumulado de décadas de control político, ruina económica y abandono de la gente, mientras la población paga con apagones, hambre y hospitales al límite.

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