Una de las estrategias que utilizan los regímenes socialistas, cuando la realidad no se casa con sus teorías, es despachar la realidad como algo que no funciona. Para ello utilizan la técnica del contrafactual, un hecho o situación que no ha sucedido, pero que podría haber sucedido.
¿Qué hubiera pasado si hubiera ocurrido lo que nunca ocurrió? Es como decir: “si no estuviéramos nosotros, la cosa sería peor”. Pero eso es imposible de saber. Ahora bien, si tenemos espíritu crítico, podemos llegar a sospechar si ese tipo de argumento tiene o no fundamento.
En la isla de Cuba, el régimen utiliza como contrafactual los embargos. Que el socialismo no acaba de triunfar? es por culpa del embargo. Que el bienestar no cuaja en la isla? es por culpa del embargo. Que el cubano es infeliz? es por culpa del embargo.
Pero pensemos con claridad, ¿se le embarga al pueblo cubano la posibilidad de ser socialista? No. ¿Se le embarga la posibilidad de colectivizar y nacionalizar sus fuentes de producción? No. ¿Se le niega la posibilidad de promocionar la fuerza del trabajo sobre la del capital? Tampoco.
Entonces, ¿qué se le embarga realmente al pueblo cubano? Multinacionales, inversión extranjera directa, comercio internacional, globalización. ¿Capitalismo?
¿Cómo es posible entonces que, para que el socialismo en Cuba pueda triunfar, requiera del capitalismo que constantemente están denigrando y criticando? ¿No hay acaso aquí una contradicción? Claro que la hay. ¿Y cómo se resuelve esa contradicción?
Muy simple: lo que impide que Cuba triunfe no es el embargo de Estados Unidos, sino que los dirigentes cubanos embargan la libertad del pueblo cubano, embargan la creatividad y la posibilidad de innovar, embargan la democracia real y el espíritu crítico; en definitiva, embargan la libertad que anida en cada persona.
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