Los días de esta dictadura llegaron a su fin.
Al menos tal como la conocemos.
Puede que el acuerdo que venga no nos guste del todo, pero sí entendemos que los cambios no llegarán por el sacrificio del pueblo cubano, sino por la intervención de un tercero. Así que nos toca asumir las consecuencias. Con un poco de suerte, lo que venga, significará mejoras reales y profundas para la gente.
Y si es así, valdrá la pena atravesar este proceso para, con el tiempo, llegar a una democracia verdadera.
Mira, esto se acabó. Cuando una dictadura empieza a liberar presos políticos, no es un gesto de buena voluntad, es una señal inequívoca de que la cúpula, esa que solo sabe rugir contra un pueblo desarmado, ahora está acorralada negociando a toda prisa para salvar lo que pueda.
Ahora van a estar más tranquilos; no se dejen engañar por la gritería. Cuando un régimen hace ruido, es porque por dentro está negociando su propia supervivencia. ¡Que Dios te bendiga chamaco! Ojalá y te salga todo bien.
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