La Helms, la Helms, Helms, Helms…
La Helms-Burton y la Torricelli son leyes estadounidenses diseñadas para mantener un embargo económico, político y comercial sobre Cuba, buscando presionar un cambio de régimen.
Pero aunque afectan económicamente, no son la causa única ni principal de la crisis cubana. El embargo limita y castiga, sin duda. Pero el principal responsable del estancamiento, la pobreza y la falta de desarrollo en Cuba es el propio modelo económico y la gestión política interna, que ha sido incapaz de modernizarse, diversificarse y por supuesto, responder a las necesidades del pueblo.
La gran mayoría de expertos y datos económicos muestran que Cuba lleva décadas en crisis, con una economía que depende casi exclusivamente de las importaciones, una industria sin desarrollo real y una infraestructura deteriorada, lo que señala fallas internas profundas.
Ahora bien, Cuba podría cambiar su modelo y mejorar, si quisiera. Pero el Estado se aferra a un sistema centralizado a través del control autoritario y la falta de transparencia, priorizando su hegemonía política y dejando de lado el bienestar social y económico de su gente.
La permanencia en ese modelo se sostiene no tanto por ideología pura, sino por intereses de poder, corrupción y falta de voluntad para democratizar. Quieren controlar entonces la economía, la sociedad y la información, y además de castigar toda disidencia a costa de la vida y libertad ciudadana.
Y si a estas alturas alguien se niega a ver esto, ya no es falta de información, es simplemente un rechazo a confrontar una realidad incómoda.
El socialismo cubano en su forma actual no ha demostrado funcionar para la mayoría y usar al embargo como único argumento es evadir la responsabilidad de un sistema que se autoperpetúa pese a sus fallas.
Que Dios te bendiga.
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