La nieta de Raúl Castro en New York

Vilma Rodríguez Castro, nieta del general Raúl Castro, realizó al menos cinco viajes a Estados Unidos entre 2012 y 2016 con pasaporte diplomático, según reveló Martí Noticias.

Su entrada fue facilitada por visados oficiales tramitados por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, pero otorgados por el Departamento de Estado estadounidense, única entidad con autoridad para permitir o denegar el ingreso al país. Todos los gastos estuvieron cubiertos por entidades norteamericanas.

Los congresistas María Elvira Salazar, Mario Díaz-Balart y Carlos Giménez, quienes han expresado su indignación en redes sociales ante tamaño oprobio, parecen ignorar que los visados diplomáticos no se emiten sin conocimiento ni autorización del propio gobierno de Estados Unidos, al cual estos ellos pertenecen.

Salazar calificó el caso como una muestra más de “la hipocresía del castrismo”, mientras Díaz-Balart lo llamó “indignante e inaceptable”, exigiendo sanciones.

El reclamo de Giménez, quien vinculó el caso al deshielo con Cuba promovido por la administración Obama, también apunta en la dirección opuesta al problema real.

Mientras millones de cubanos tienen restringido el derecho a salir de la isla, miembros de la elite castrista viajan libremente y acceden a lujos en suelo estadounidense, no por acción del régimen, sino gracias a las brechas legales y políticas toleradas por Washington.

Rodríguez Castro, además de los viajes a ferias y exposiciones en Nueva York, administra una mansión de lujo en Miramar, que hasta hace poco se alquilaba por 650 dólares la noche en Airbnb. La propiedad fue recientemente incluida en la lista de entidades prohibidas por EE.UU., luego de denuncias mediáticas. También está casada con el artista Arlés del Río, beneficiado por becas culturales financiadas por instituciones estadounidenses.

Lo revelado no es nuevo. El uso de pasaportes diplomáticos por parte de familiares del poder en Cuba ha sido una práctica habitual para eludir controles, mover fondos y proteger sus intereses fuera del país. Pero ahora, en lugar de cuestionar cómo es que estos visados son aprobados sin reparos por su propio gobierno, algunos congresistas parecen repetir el guion del castrismo: culpar al adversario por aprovechar ventajas que el sistema mismo le brinda.

Mientras Washington mantiene una política pública de confrontación con el régimen cubano, internamente sigue autorizando el acceso a los privilegios del sistema a quienes sostienen y representan al poder en la isla. Y luego, el escándalo se denuncia como si el castrismo se hubiera infiltrado por la fuerza, cuando en realidad se le abrió la puerta con sello diplomático y la anuencia del mismísimo Departamento de Estado.

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