El régimen ha iniciado una nueva ronda de vacunación contra el COVID-19, apelando nuevamente a Abdala, vacuna de producción nacional, pese al consenso internacional sobre los efectos adversos asociados a los fármacos desarrollados durante la pandemia. La campaña se relanza sin que se haya publicado información alguna sobre los resultados de las etapas anteriores.
La ofensiva de inmunización comenzó en julio en varias provincias e incluye a niños desde los dos años, ancianos, personas con enfermedades crónicas y trabajadores del sector de la salud. Algunos ciudadanos estarían recibiendo ya su quinta dosis. El producto empleado, Abdala, carece de aval internacional y fue autorizado solo para uso de emergencia por las propias autoridades cubanas en 2021.
Según medios oficiales como el periódico Victoria y perfiles de salud del régimen en redes sociales, la justificación actual son las nuevas subvariantes del coronavirus, como la XBB o “Stratus”, derivada de Ómicron. Aunque esta variante no ha sido confirmada en Cuba, el gobierno sostiene que podría estar circulando y vuelve a agitar el temor colectivo como antesala de su campaña.
La vacunación se desarrolla en policlínicos, consultorios del médico de familia y centros de estudio, como ya ocurre en la Isla de la Juventud, Santiago de Cuba, Mayabeque y otros territorios. En Bainoa, municipio de Mayabeque, la jornada ha sido convocada incluso para todos los mayores de 19 años.
El propio Dr. Francisco Durán, vocero habitual del Ministerio de Salud Pública, reconoció que la presencia de la nueva variante no está confirmada, pero insistió en medidas preventivas como el uso del nasobuco en espacios cerrados y el refuerzo de la vacunación como política oficial. Semanas después, minimizó la amenaza, lo que revela contradicciones persistentes en el manejo comunicacional del gobierno.
El pueblo cubano, que en su mayoría accedió a vacunarse en plena pandemia por miedo, ahora vuelve a encontrarse sin alternativas ante su verdugo. No se conocen los resultados de la aplicación de Abdala, ni sobre las secuelas que produciría a largo plazo.
Los cubanos no son ganado vacuno. No deberian permitir que el mismo régimen déspota y corrupto que los mal gobierna, también inocule a sus hijos con farmacología experimental sin aval internacional. Esos niños representan el futuro de Cuba, protejanlos!

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