En cualquier provincia cubana basta con mirar alrededor para comprobar el fracaso del régimen en sostener una producción estable, incluso en sectores básicos como la industria láctea. El helado crema, símbolo gastronómico de Bayamo y parte esencial de la identidad de Granma, sobrevive hoy de manera precaria gracias a importaciones realizadas por mipymes privadas, a precios desorbitados y con una disponibilidad tan baja que lo han convertido en un lujo inaccesible para la mayoría de las familias.
El mismo periódico Granma admitió que la Empresa de Productos Lácteos Bayamo (Granlac) depende de casi totalmente de insumos importados por privados para su producción, La fábrica principal estuvo paralizada durante cuatro años por fallas técnicas y costos energéticos, y solo pequeñas miniplantas, apoyadas por empresarios independientes, logran mantener una producción reducida. Bajo este esquema nació la marca Helados Cremas Manin, que ofrece sabores tradicionales como vainilla, mantecado o fresa, pero con materia prima foránea.
La caída del acopio de leche en Granma ha agravado aún más el panorama. La provincia pasó de ocupar el cuarto lugar en producción nacional al puesto trece, y gran parte de la leche recolectada apenas alcanza para el consumo comunitario, dejando a la industria prácticamente desabastecida. Directivos de comercios en Bayamo reconocen que el suministro oficial de helado es escaso o inexistente, y que dependen casi por completo de lo que logran adquirir a privados, aunque esto implique mayores precios, dificultades de transporte y problemas de refrigeración que deterioran la calidad del producto.
Los precios reflejan la crisis: una tina puede superar los 1,500 pesos y una simple bola cuesta entre 65 y 75, con especialidades que rebasan los 200 pesos. Lo que alguna vez fue un alimento popular se ha transformado en un artículo de élite. El esquema mixto con actores no estatales apenas logra mantener viva la tradición, pero la verdadera recuperación solo sería posible con inversiones en infraestructura, tecnología y un suministro energético estable.
El derrumbe de la industria láctea no es exclusivo de Granma. En abril se conoció que una deuda de más de 150 millones de pesos con productores privados paralizó la producción en Sancti Spíritus, golpeando directamente la entrega de leche a niños, embarazadas y pacientes con dietas médicas. La crisis también se refleja en el sector de los helados: en 2022 la planta de Trinidad sufrió apagones y falta de materias primas; en Ciego de Ávila se llegó a fabricar helado con maicena y miel por la carencia de insumos; y en 2024 la fábrica de Mayarí reabrió después de ocho meses de inactividad, otro reflejo de la inestabilidad permanente.
A la falta de leche y de insumos se suma el colapso del sector azucarero, que en Granma apenas alcanzó un 27 % de lo planificado, lo que golpea tanto a la economía local como a la producción alimentaria. Y todo ello se agrava con los apagones interminables, que impiden conservar y transportar alimentos básicos, encarecen los precios y hunden todavía más el ya deteriorado poder adquisitivo de los cubanos.

Sé el primero en comentar