En la tensa y extremadamente compleja arquitectura del poder cubano, pocas figuras han sido tan enigmáticas y decisivas como Alejandro Castro Espín. Hijo de Raúl Castro y Vilma Espín, y sobrino del histórico tirano Fidel Castro, Alejandro, llamado ‘El Tuerto’, pues perdió un ojo en una de esas guerras injerencistas del castrismo, ha mantenido un perfil bajo, pero su influencia en la política de la isla es fundamental. Para muchos analistas y observadores, Miguel Díaz-Canel, el presidente visible de Cuba, no es más que un ejecutor de las directrices trazadas desde las sombras por la familia Castro, con Castro Espín como estratega principal, o sea Díaz–Canel no es más que un títere.
Nacido en 1965, Alejandro Castro Espín es coronel del Ministerio del Interior, ingeniero y doctor en Ciencias Políticas. A lo largo de su carrera, ha ocupado cargos claves en la seguridad y la Inteligencia cubana, consolidando una reputación como hombre fuerte y cerebral del régimen, un auténtico robot discípulo de Vladimir Putin, tal como se vio hace años en la única entrevista que dio en Grecia.
Su discreción contrasta con la notoriedad pública de su hermana Mariela Castro, activa defensora oportunista de los derechos LGBTIQ+ en Cuba –siempre que los homosexuales sean castristas–, y lo ha mantenido alejado de los reflectores, lo que alimenta las especulaciones sobre su verdadero alcance de poder en un cambio fraude en la isla alentado nada más y nada menos que por el Gobierno estadounidense. O sea, después de 67 años de férreo comunismo, tocaría el mismo quita y pon que desde la Presidencia de Gerardo Machado, y la de Fulgencio Batista, se ha mantenido mediante la intervención estadounidense.
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Apareció primero en Zoe Post

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