Hola, ¿sabías que el cuartico es la prueba más absurda y perfecta de que la libertad de expresión sí existe en Cuba? Que no te lo digo yo como teoría política, lo digo como experiencia práctica. Aquí se habla, se critica, se desmonta. Y no pasa nada. ¿Ves? Ahí es donde uno se queda loco. Porque si sales a la calle a preguntar por libertad de expresión en Cuba, la respuesta automática es no.
Pero luego vienes al cuartico y ves que, de hecho, sí, que existe, que está aquí. Y respirando entre estas paredes, en cada guión, como un fantasma que decidió quedarse a vivir en este cuarto. Yo me imagino al Estado mirando desde afuera como vecino chismoso que escucha detrás de las paredes, pero que en lugar de entrar a callarnos, aplauden en silencio porque decimos lo mismo que ellos piensan, pero no se atreverían a mencionar en voz alta, al menos en… ¿Eso lo vas a decir tú?
Nadie sabe.
Quizás la seguridad del Estado encontró su propio club de fans secreto en el cuartico. Lo más surrealista es que los que sí se ofenden no son las clarias ni los viejos comunistoides. Los disidentes. Algunos. Que reaccionan como monos entrenados. Tú dices Cuba y no dictadura, y ellos salen a comerte vivo antes de acabar siquiera la frase. Es un reflejo condicionado y no puedes culparlos. Es que hay mucho trauma histórico por tratar todavía.
Pero bueno, que al final el cuartico es una especie de laboratorio raro donde se prueba que la libertad de expresión sí existe en Cuba. No está en los periódicos, televisión, no está en las plazas; está en este cuarto chiquito con nosotros hablando sin miedo y el país entero mirando como si fuera un show clandestino.
Y lo más gracioso es que, sin querer, el Estado nos ha dado el mejor argumento: si no nos reprimen, es porque la libertad de expresión está aquí viva, aunque sea en versión cuartico. Se acabó.
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