¿Tú te imaginas que te fusilen en Nochebuena? ¡Oye, sí! Pregúntale a tu tocayo, Nicolae Ceausescu.
Rumanía, diciembre del 89. Mientras otros dictadores se retiraban con discursos y aplausos tibios, allá dijeron, aquí no hay retiro, aquí hay paredón.
Ceausescu, convirtió al país en un manicomio. Hambre, vigilancia extrema, culto a su ego, pensó que podía salir ileso.
Spoiler… No, el pueblo se hartó, protestas, muertos y el ejército que dijo?, está bueno ya, no vamos a seguirte el juego. Se viraron, le quitaron el apoyo y ahí fue cuando se le cayó el castillo de Naipes. Ceausescu intentó huir en helicóptero como villano de película barata. Lo agarraron. culpable de genocidio, corrupción y de tener mal gusto arquitectónico. Resultado, fusilado junto a su esposa el 25 de diciembre. Sí, en Navidad. Sí, televisado. Sí, con sonido de ambiente.
¡Oye, sí!
Rumanía fue el único país del bloque soviético donde el comunismo cayó con sangre, no hubo transición suave, hubo justicia cruda y aunque el nuevo gobierno también tuvo sus sombras, ese diciembre marcó algo, que el pueblo cuando se harta no pide permiso.
Así que la próxima vez que te digan que los dictadores se van solos, recuerda a Rumanía, recuerda al 89 y recuerda que hasta en Navidad puede caer el que parecía intocable.
¿Tú también pensabas que el poder era eterno, Nicolae? Pues mira que hay pueblos que no celebran Navidad, celebran justicia.
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