Cuba no es un estado fallido.
Mira, mira, un estado fallido es como Somalia, sin gobierno, sin ley y con guerra civil. Cuba tiene un gobierno, un ejército y control total. El término correcto, el que duele pero que define la realidad, es “estado perverso”.
¿Y qué es un estado perverso?
Es un sistema que prioriza el poder de una pequeña oligarquía militar, mantiene a la población en un estado de escasez y control.
Es un sistema que exporta médicos para ganar divisas y propaganda, pero en el que tu abuela no encuentra aspirinas en la farmacia.
Es un sistema donde los generales son magnates de hoteles y corporaciones, mientras tú esperas tres meses por una balita de gas. No es que el Estado no funcione, funciona perfectamente, pero funciona para ellos.
Para la gente funciona el apagón, la represión y la necesidad de escapar. Por eso no es un Estado fallido, es algo mucho más cruel. Es un Estado que ha triunfado en el objetivo de perpetuarse, aunque eso signifique el fracaso de toda una nación.
¡Esa es la perversión!
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