El descontento popular en Cuba por la falta de servicios básicos sigue creciendo y, aunque el régimen intenta minimizarlo, algunas protestas están logrando resultados concretos. Así ocurrió esta semana en Isabela de Sagua, Villa Clara, donde vecinos salieron a la calle y bloquearon el tráfico para exigir el restablecimiento del agua potable.
“¡Que no había agua, hija! No había porque los tubos estaban rotos, pero ya lo arreglaron ayer. Hoy pudimos coger agua”, contó una residente a Martí Noticias. Según las fotos compartidas en redes sociales, los manifestantes usaron al menos ocho tanques plásticos para cerrar la calle Bartolomé Masó.
Los reclamos venían desde diciembre, cuando la comunidad quedó prácticamente a merced del agua de lluvia y de camiones cisterna que llegaban con uno o dos tanques, insuficientes para todos. “Aquí todo el mundo estaba loco esperando que lloviera para resolver”, dijo otro vecino, identificado como Elio.
Este tipo de acción no es aislada. En Regla, La Habana, un grupo de mujeres cortó una calle por la falta de agua y, tras días de gestiones sin respuesta, logró que un camión cisterna llegara a la zona.
También hubo protestas por los apagones. En el barrio capitalino de Palatino, un vecino golpeó una sartén en plena oscuridad retando a las autoridades: “Que vengan y me busquen, ya estoy cansado”. Y en Guanabo, un toque de cazuelas reunió a residentes hartos de los cortes de luz. La respuesta oficial fue inmediata: presencia policial, vehículos sin chapa y, al día siguiente, la electricidad volvió. Aunque la activista María Elena Mir Marrero advirtió que la “mejora” duró poco.
Según el Observatorio Cubano de Conflictos, solo en julio se registraron 138 protestas en la isla, la mayoría contra los apagones. La lección que dejan estos episodios es clara: cuando la gente se organiza y presiona en la calle, en ocasiones consigue que las autoridades reaccionen.

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