Cuba: crisis energética de verano

Cuba atraviesa un colapso eléctrico sin precedentes en lo que va de año. La jornada del lunes estuvo marcada por apagones generalizados durante las 24 horas, con un déficit récord de 2054 megavatios fuera de servicio. La disponibilidad real del sistema quedó muy por debajo de la demanda nacional, y los pronósticos oficiales anticipan que el panorama empeorará en el horario pico nocturno.

La Unión Eléctrica atribuyó el desplome a la falta de combustible en las patanas de La Habana y a la salida imprevista de la unidad 5 de la CTE Nuevitas, lo que rompió la marca anterior registrada apenas una semana antes. A las 7:00 a. m. de este martes, el país contaba con una disponibilidad de apenas 1740 MW frente a una demanda de 3308 MW. La diferencia —un desfase de más de 1500 MW— dejó amplias zonas del país sin electricidad desde la madrugada.

El deterioro de las principales plantas del país es generalizado. Cinco unidades presentaron fallos simultáneos en centrales como Energas Varadero, Felton, Renté, Guiteras y Nuevitas. Otras permanecen bajo mantenimiento, mientras 87 centrales de generación distribuida están detenidas por falta de combustible, lo que equivale a una pérdida de 720 MW. Las patanas flotantes instaladas en puertos como Melones y Regla apenas operan con una fracción de sus motores encendidos. A estas cifras se suman 245 MW fuera de línea por limitaciones térmicas.

En La Habana, la situación se mantuvo crítica durante toda la jornada. El servicio eléctrico fue interrumpido por más de 22 horas consecutivas, con un pico de afectación de 105 MW registrado en la noche del lunes. Al amanecer del martes, numerosas zonas seguían sin suministro.

El aporte de los parques solares apenas alivia la crisis. Aunque los 22 nuevos parques fotovoltaicos generaron más de 2300 MWh en un día, su impacto resulta marginal frente a una demanda que supera con creces la capacidad disponible del sistema.

Los apagones han paralizado el país. Se reportan afectaciones graves en hospitales, centros laborales, suministro de agua y conservación de alimentos. En redes sociales, ciudadanos describen apagones de hasta 18 horas, en medio de temperaturas extremas y sin soluciones claras a corto plazo. El colapso del sistema energético nacional se perfila como una emergencia sostenida con profundas implicaciones sociales, económicas y legales, agravada por la falta de transparencia, el deterioro tecnológico acumulado y la gestión centralizada de recursos esenciales.

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