Vamos a intentarlo con otra forma. ¿Viste lo que pasó en Nepal?
Los líderes pensaron que el pueblo no se atrevía. Ignoraron el malestar, minimizaron la rabia y, cuando estalló, fue tarde. No hubo diálogo, hubo violencia: golpearon, quemaron y celebraron. Pero lo que quedó fue miedo, ruina y más división.
Aquí los patrones se repiten: la gente está cansada, la juventud está frustrada, la confianza se rompe en silencio y tú… estás en el medio. No te lo digo porque te odie, no asere, te lo digo porque todavía hay tiempo. Tiempo para escuchar, para corregir, para evitar que el final sea el mismo.
Me preocupas, querido líder.
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