FEPCUBE: un merecido final para la Federación Cubana de Béisbol Profesional

El proyecto de FEPCUBE, que pretendía unir a la diáspora del béisbol cubano bajo un mismo uniforme, se extingue evidenciando que esa ilusión no era posible frente a la carga política que acompaña al deporte en Cuba.

El fin de la Federación Cubana de Béisbol Profesional (FEPCUBE) no es una derrota. Representa la caída de un proyecto que, aun con buenas intenciones, solo habría servido para blanquear 66 años de discriminación deportiva y exclusión bajo el régimen castrista. La idea de un equipo Cuba “unido” era desde su raíz una contradicción: nunca podría existir un plantel mixto de profesionales libres y peloteros revolucionarios, porque el sistema deportivo de la isla es excluyente por definición.

FEPCUBE nació con el propósito de reunir a las estrellas dispersas en Grandes Ligas y darles una identidad común. Sin embargo, ese intento, aunque romántico, pecó de inocencia política. En lugar de ser un puente de unidad, se habría convertido en un salvavidas para una dictadura que explotó, castigó y abandonó a los mismos atletas que antes ensalzaba como gloria nacional. Hoy, muchos de esos campeones viven en la pobreza y el olvido dentro de la isla, sin reconocimiento ni respaldo, mientras el aparato oficial se limita a usarlos como propaganda cuando conviene.

El fracaso del proyecto no debe verse como una tragedia para los fanáticos, sino como una señal de madurez. Los organizadores subestimaron la naturaleza ideológica del castrismo, creyendo que con banderas blancas lograrían un espacio deportivo libre. La realidad demostró lo contrario: cualquier acercamiento al régimen, incluso bajo la máscara del béisbol, termina siendo un acto político a su favor.

Kudos merecen los peloteros que no prestaron su imagen a este intento fallido. Muchos eligieron proteger lo que con esfuerzo alcanzaron en MLB y en libertad, en lugar de arriesgarlo todo por una estructura que los despreciaba cuando decidieron emigrar. Su decisión no fue de indiferencia, sino de coherencia: mantener intactos sus logros individuales y la prosperidad conquistada lejos del control estatal.

Lo que a primera vista parece una mala noticia para el béisbol cubano es, en realidad, una victoria moral del exilio. La disolución de FEPCUBE evita que el régimen use el deporte como maquillaje político y preserva el verdadero legado de los atletas que triunfan en escenarios internacionales sin cadenas ideológicas.

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